Aunque para Colombia el canje de deuda externa por acciones ambientales no es nuevo, porque ya desde 1992 se había producido este tipo de acuerdos con Canadá y Estados Unidos, tampoco lo es que el panorama ambiental, social y económico de nuestra nación amerita revisar muy bien este tipo de iniciativas por la mega diversidad con que cuenta la geografía nacional, aunada a la necesidad de disminuir las obligaciones con la banca multilateral que superan el 50% del PIB.
De otro lado, es menester verificar la capacidad del país para adoptar un escenario que puede ser en dos direcciones: El de la pública y el de la privada de forma que afrontemos con seriedad el desafío ambiental, económico y social. En este sentido, pienso que la mejor opción es hacer el canje de deuda pública por el mejoramiento del medio ambiente y de la naturaleza con otro país acreedor que reciba en donación la obligación de la deuda conforme al monto y las medidas de mitigación acordadas.
El gobierno del presidente Petro acaba de presentar este mecanismo al presidente francés, Emmanuel Macron, quien se mostró muy interesado en promover tal iniciativa ante la Unión Europea.
Es prioritario afrontar el cambio climático con decisiones intrépidas para hacer la transición energética y empezar a disminuir la deuda externa colombiana, que asciende a más de USD $187.000 millones, afectando la inversión pública social que cada vez más decrece por los altos costos dedicados al pago de altos intereses que pueden llegar a asfixiar el erario público. Colombia tiene que ser responsable con el medio ambiente porque si no se toman las medidas correctivas en el presente, pagaremos las consecuencias en el mediano y largo plazo, castigando a las generaciones futuras ante una crisis anunciada que podría ocasionar la falta de recursos hídricos. Bienvenido el canje de deuda pública por acciones ambientales.
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