En estos momentos de caos en la movilidad de nuestra ciudad hagamos valer la importancia de la memoria histórica.
Recordemos que Cali se ha merecido varias denominaciones: la Sultana del Valle, la Sucursal del cielo, la Capital de la salsa, la Ciudad deportiva de América.
Todas con el común denominador de la alegría que propiciaba a quienes tuvimos la suerte de crecer en sus calles. Este recuerdo lastimero, me hace pensar que le podríamos denominar “Cali, extraña ciudad de Colombia”. Escasearon las caleñas que caminaban en la ciudad, siguen siendo como las flores, pero el jardín fue relevado por el laberinto del miedo.
Los fines de semana en las tardes el centro de Cali queda vacío porque las familias ahora prefieren no sacar a los niños a la parte colonial, ni a sus colinas, debido a que se complicó el regreso a casa en transporte público.
Inverosímil que sea su misma Secretaría de Movilidad la que al aplicar medidas inconsultas niegue el derecho a la ciudad a los conductores y a peatones. En la calle quinta con sexta, ubica un semáforo junto al puente peatonal, que además de confundir a los peatones sobre su uso, pone en riesgo a las caravanas de vehículos que ascienden a tomar la calle principal de la ciudad.
En varios puntos puso taches y delineadores reduciendo los carriles, que bien le cabe el apelativo de “secretaría de inmovilidad vial”. Sabios, por qué no se les ocurre que faltan puentes o semáforos sobre la avenida Roosevelt para que los peatones no arriesguen sus vidas. Señor William Camargo, devuélvanos la alegría.
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