Aplazan reapertura de salas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cuando Cine Colombia anunció que definitivamente este año era imposible reabrir las salas, pude evaluar el golpe bajo que la pandemia del Covid-19 le asestó al séptimo arte. Antes los cinéfilos jamás temíamos por la suerte de esos templos de la proyección.

Ni cuando aparecieron la televisión, el betamax, el DVD o el cine por cable. Tampoco nos angustió que la modernización de las ciudades, el cambió de la tecnología y el surgimiento de las mega-salas en los centros comerciales, alguna vez nos impidiera disfrutar de dos horas rituales, seducidos por un estreno o una ópera prima. Se quedan cortos algunos historiadores cuando en el inventario patrimonial de las ciudades no incluyen las salas de cine que cotidianamente congregaban a millares de personas.

Las otrora salas de cine provocaron que en las tardes algunos estudiantes escapáramos de clases para convertirnos en cinéfilos clandestinos. En los tiempos de la severa autoridad paterna y la vigencia de inquebrantables reglamentos escolares, los estudiantes amábamos más el cine que las clases, que Gabriel García Márquez escribió en una de sus columnas que “era bastante probable que la clientela de los cines disminuiría notablemente si cerraran los colegios de bachillerato”.

Quiénes también no recordamos esa manera caballeresca de conquista cuando invitábamos a una dama a ver una película. La oscuridad era el espacio cómplice para una declaración de amor, porque la pareja sentada muy cerca percibía la respiración mutua y se motivaba a emular las escenas vistas en la pantalla. Agregó Gabo que “ese era el origen de nuestro sentimiento de culpa en cine”.

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