Cali, mayo 7 de 2026. Actualizado: jueves, mayo 7, 2026 21:34
En un movimiento que ha encendido las alarmas entre analistas e inversionistas, la calificadora Standard & Poor’s (S&P) rebajó el pasado 8 de abril de 2026 la calificación crediticia soberana de Colombia desde BB a BB-, estabilizando la perspectiva.
Este ajuste refleja una creciente desconfianza sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas del país, en un contexto marcado por desbalances fiscales, menor crecimiento y un entorno político complejo.
La decisión no fue sorpresiva para todos. Según un análisis del Grupo Cibest, los mercados ya habían incorporado en parte esta rebaja, con una prima de riesgo y rendimientos de los TES que reflejan la percepción de deterioro fiscal.
No obstante, el informe advierte que esta rebaja profundiza el riesgo de un espiral de deterioro económico, en el que mayores costos de financiamiento se combinan con menor crecimiento y debilidad institucional.
S&P argumenta que los principales factores detrás de su decisión son tres: la limitada flexibilidad fiscal del país, el elevado nivel de deuda pública y un crecimiento económico que se mantiene por debajo de los niveles prepandemia.
De hecho, la calificadora prevé que la deuda neta de Colombia alcanzará el 62,8% del PIB en 2026, con una tendencia creciente hasta el 66,2% en 2029.
En cuanto al déficit fiscal, S&P estima un desequilibrio del 5,6% del PIB para 2026, cifra superior a la proyectada por el Ministerio de Hacienda (5,1%) y cercana al 7% previsto por Bancolombia.
La calificadora también señala la preocupante suspensión de la Regla Fiscal, que había sido un ancla para mantener el endeudamiento en niveles sostenibles.
Esta decisión ha erosionado la confianza del mercado y ha reducido las expectativas de una consolidación fiscal efectiva.
El informe de Bancolombia enfatiza que la falta de reformas estructurales, especialmente en el sistema tributario, impide aumentar los ingresos del Estado a un ritmo que acompañe el crecimiento del gasto público.
Esta debilidad estructural se agrava con la incertidumbre política, que ha obstaculizado la implementación de medidas correctivas. En consecuencia, la política fiscal del país ha sido calificada como cada vez más procíclica y menos predecible, factores que pesan negativamente en la evaluación de las calificadoras.
Otro factor clave es la debilidad del crecimiento económico. Según las proyecciones, el PIB de Colombia avanzará en promedio un 2,8% entre 2026 y 2030, por debajo del 3,5% registrado en los años previos a la pandemia. Este bajo dinamismo limita la capacidad de recaudo tributario y frena la reducción del déficit.
En el frente de los mercados financieros, la rebaja de S&P no ha pasado desapercibida. El informe de Bancolombia detalla que los TES a 10 años ya se cotizan con un rendimiento cercano al 12,8%, nivel coherente con un país calificado en BB-. Sin embargo, advierte que el margen para una mayor desvalorización es limitado, salvo que el deterioro fiscal se agrave.
En cuanto al mercado internacional, los Credit Default Swaps (CDS) a cinco años se han estabilizado por encima de los 210 puntos básicos, muy por encima de países comparables como Chile, Perú o México, y solo por debajo de Brasil y Turquía. Este encarecimiento del riesgo país implicará mayores costos para financiar el déficit y las necesidades de inversión del Estado.
El informe concluye con una advertencia clara: Colombia se acerca peligrosamente a una dinámica de deuda insostenible, donde el pago de intereses podría absorber una parte creciente del gasto público.
En este escenario, recuperar el grado de inversión o mejorar la calificación actual requerirá una estrategia firme de consolidación fiscal, acompañada de un compromiso con la independencia del Banco de la República y una mayor disciplina macroeconómica.
Como precedente preocupante, el documento recuerda el caso de Turquía, país con una calificación similar (BB-) que ha visto deteriorarse su estabilidad macroeconómica debido a decisiones fiscales y monetarias poco técnicas.
Para evitar un destino similar, Colombia deberá demostrar en los próximos meses su capacidad para ajustar el rumbo y restaurar la confianza de los inversionistas.
La rebaja de S&P a BB- es más que una nota técnica; es un llamado de atención. Revela los límites de una estrategia económica basada en gasto sin ajustes, en un país donde las presiones sociales, políticas y económicas exigen soluciones de fondo.
El tiempo para los correctivos es ahora. De no tomarse decisiones estructurales, Colombia podría enfrentar un entorno de financiamiento más costoso, menor crecimiento y un acceso restringido a los mercados internacionales.
En palabras del informe, “salvaguardar la independencia del Banco de la República y apelar a medidas contundentes de consolidación fiscal son condiciones sine qua non para allanar el camino hacia una recuperación sostenible de la calificación crediticia para Colombia”.
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