Cali, mayo 9 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 8, 2026 21:57

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Crónica

Paredes hechas arte: una mirada al arte urbano

POR: YESSICA DIUZA
ESTUDIANTE DE SÉPTIMO SEMESTRE

En pantaloneta, sin camisa y trepado en un andamio, traza las líneas del pájaro que está dibujando. Con las manos llenas de tinta sostiene su aerosol; el sol se hace más intenso y el sudor empieza a asomarse por su frente, mientras que sus ojos miran fijamente el lienzo que tiene enfrente.

No es de tela, es de cemento y días atrás fue blanqueado por su propietario, quien amablemente le dio permiso de intervenirlo, para que así, Letop pudiera aportar su granito de arena, con la ilusión de que la Sultana del Valle no sólo sea reconocida por la salsa, sino también por las historias de lucha que cuentan sus muros.

Para muchos, el grafiti es sinónimo de vandalismo; de los grafiteros se dice que son unos buenos para nada, que sólo saben rayar y dañar todo lo que encuentran a su paso; para otros, es arte y han hecho de él un estilo de vida con el que, aparte de plasmar sus ideologías, usan la pintura como herramienta de transformación social. Son artistas a los que pocas veces se les reconoce la labor que realizan. Andrés Pedroza es conocido como Letop. Es diseñador gráfico de profesión y grafitero de corazón. Lleva ocho años adornando paredes con majestuosas aves coloridas creadas de la combinación entre vinilo y aerosol. Ha intervenido unos veinte muros en la ciudad, la mayoría por iniciativa propia y con el presupuesto que sale de su bolsillo.

El más reciente está ubicado en una casa blanca de dos plantas al frente del colegio Santa Librada. “Es muy preocupante que no existan espacios en la ciudad que brinden apoyo a los artistas, acá no hay una agenda cultural para pintar grafitis y cuando Planeación Urbana o la Bienal abren una convocatoria para intervenir un muro, no se tiene en cuenta el portafolio del artista y  muchas veces se escoge a dedo, o a los amigos de los amigos. Muy diferente a lo que ocurre en Medellín o en Bogotá, donde nos llevan una ventaja notable”, comenta. Junto con Iván Salazar, dueño de la galería La Tomatera.

Andrés trabaja en un proyecto para convocar a otros artistas y crear conversatorios para compartir experiencias en torno al arte urbano. “Al principio fue muy difícil por los recursos, pero con esfuerzo y dedicación se ha logrado. Queremos que la gente conozca a los artistas, escuchen sus ideas y compren sus obras, por eso hacemos el conversatorio”. Llevan cuatro meses de trabajo constante.

Como fruto de su labor han logrado reunir fondos para restaurar muros como el que se encuentra en la calle de la Escopeta, “Jodido pero contento” se titula el grafiti pintado por el artista ecuatoriano Apitatán. Este mural tuvo gran impacto en la ciudad, al punto ser primera plana sabatina del Periódico El País.

Por su parte, Jorge Niño, arquitecto y estudiante de diseño industrial, quería pintar desde que era pequeño, pero no sabía qué hacer y no tenía un tema específico, hasta que recibió una invitación por parte de unos amigos para pintar la lucha de las tribus indígenas por sus territorios ancestrales. Fue cuando conoció un resguardo nasa, su cultura y sus pensamientos. El primer bosquejo que trazó quedó plasmado en un muro de una calle Caloto, Cauca, fue el de un niño nasa.

“También pinto paisajes porque vivimos en un lugar donde hay muchos y ahí tenemos gran variedad de aves, me gusta mostrar ese gran colorido y la diversidad que tenemos”, comenta Jorge.

Con sus intervenciones trata de mostrar la realidad que se vive en los pueblos como protesta, aquella que no se ve en los grandes medios. ‘San’ aprendió a pintar saliendo a la calle, ensayando e investigando sobre el grafiti y el arte urbano en general. Su nombre real es Sebastián Medina y se graduó como diseñador gráfico. En sus caminatas diarias absorbía todas las imágenes que veía a su paso. Para él fue de gran importancia trabajar en el Centro Cultural Grafito, lugar en el que pudo aprender más acerca del tema.

Con sus manos le dio vida al Willy Wonka que está en el Parque de los Estudiantes, al retrato creado en centro de la ciudad en homenaje póstumo al nobel Gabriel García Márquez y al Chavo, en el barrio Cien Palos, entre otros.

A sus escasos veinte años, su trabajo es conocido por manejar un estilo realista. La fotografía es fundamental para él. Verlo pintar es un deleite; es como si con un toque calcara una imagen impresa en papel, directo a la pared.

Por lo general siempre usa máscaras para proteger sus fosas nasales, unos jeans largos y un saco con capucha. En torno al grafiti se tejen diversas opiniones.

Aberración o devoción. Lo cierto es que las calles de Cali han tomado vida y color gracias a las obras de arte pintadas en paredes y en fachadas de casas abandonadas, que antes estaban sucias, llenas de maleza y dejadas en el olvido.

Pero que hoy a punta de vinilo salieron de la amargura y, a paso lento, sus creadores, apoyados en fundaciones como Culata y Gráfica Mestiza, ponen su mayor esfuerzo para ver una ciudad más bonita que se asemeje a un museo callejero de arte que atraiga turistas y lleve mensajes positivos a la sociedad.

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