Cali, junio 14 de 2026. Actualizado: viernes, junio 12, 2026 23:56

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León Tolstoi contextualizado en la realidad colombiana

“No puedo callarme”

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Así como durante el confinamiento a que nos obligó el Covid-19, nos entretuvo la relectura del “Decamerón” de Boccaccio y “La peste” de Camus, ahora sería muy provechoso conocer un ensayo de Tolstoi, que escribió hace ciento once años, aunque está poco difundido, pero que al leerlo parece que estuviéramos ante un diario imparcial con noticias sobre la crisis colombiana.

Después de leerlo, alguien dirá que no puede callarlo. “No puedo callarme” (1908), así tituló su ensayo León Tolstoi.

Por qué no te callas

“Por qué no te callas”, le gritó el rey Juan Carlos de España a Hugo Chávez en una cumbre iberoamericana celebrada en el 2010.

Un siglo atrás, León Tolstoi (1828-1910) condenó la violencia, los asesinatos y la represión contra el pueblo. En la Rusia convulsionada de principios del siglo XX, Tolstoi advirtió: ¡No puedo callarme! Eran tiempos muy parecidos a los que hoy suceden en nuestro país: despojos, protestas, violencias, verdugos, juzgamientos y pena de muerte impuesta extrajudicialmente.

“No puedo callarme”, es un ensayo, que el escritor ruso publicó dirigido a los zares y al mismo Lenin, dos años antes de fallecer y de culminar su obra literaria.

Si leemos sus doce cuartillas confrontándolas con nuestra propia realidad, nos parecerá que las hubiese escrito sobre Colombia. “No puedo callarme”, es el epílogo de su vasta obra literaria: “Infancia” (1852), “Adolescencia” (1854), “Felicidad conyugal” (1858), “Los cosacos” (1863), “Guerra y paz” (1865), “Ana Karenina” (1875), “La muerte de Iván Ilich” (1886), “Resurrección” (1899) y su centenar de cuentos, destacándose, “La tormenta de nieve”, “La mañana del terrateniente”, “Las memorias de un loco”, y “¿Cuánta tierra necesita un hombre?”.

Horrores del régimen

Los zares que seguían aferrados al poder y los bolcheviques que arreaban la revolución, le rezagaron su obra literaria. A los zares no les simpatizaba el escritor porque sus cuentos infantiles terminaban haciendo pensar socialmente a los niños. A los revolucionarios tampoco les simpatizaba, porque defendía el valor de la vida sin distingos de clase, reflexionaba sobre la felicidad conyugal y alababa el reino de Dios que está en vosotros, temas que consideraron reaccionarios.

El novelista ruso de la guerra y la paz en “No puedo callarme”, dice cosas cuyos enfoques nos hacen creer que hubieran sido escritos en estos días.

“Lo más tremendo del asunto es que toda esa violencia inhumana y todas esas matanzas, además del daño que infieren directamente a las víctimas y a sus familias, infligen un daño todavía mucho mayor al pueblo entero, haciendo cundir la depravación”.

“No puedo callarme”, denunció los horrores desatados contra el pueblo que fue aplastado con violencia. “Todas estas iniquidades cien veces mayores que cuanto hayan podido hacer ladrones, bandidos y revolucionarios juntos, son perpetradas como si fuesen necesarias, justas e inevitables; y no solamente son excusadas, sino hasta aprobadas y enaltecidas por las instituciones”.

Nuevos verdugos

A León Tolstoi le preocupó sobre manera que “verdugo” volvía a ser un oficio disputado por los desarraigados. Entonces confrontó a quienes desde el poder los financiaban.

“Ustedes no sólo curan la enfermedad, sino que la acentúan, la refuerzan por dentro”. (…) “Y así la gente ha llegado a hablar, hoy día, de ejecuciones, asesinatos, bombas y matanzas, con la misma naturalidad que se hablaba del tiempo”.

(…) “No podréis pacificar al pueblo atormentándolo y persiguiéndolo, desterrándolo, encarcelándolo, ahorcándolo, a los hombres lo mismo que a las mujeres y a los niños” (…) “Por mucho que os empeñéis en ahogar en vosotros la razón y el amor comunes a todos los seres humanos, la cosa es tan evidente, que no es posible que todo el mundo no la advierta.”

(…) ”En general, gracias a la actividad del Gobierno, que ha permitido el asesinato como un medio de llegar a sus fines, todos los crímenes: el robo, el asalto a mano armada, la mentira, el tormento y la muerte, son actualmente considerados por aquellos desventurados, a quienes no ha podido menos de pervertir el ejemplo, como los actos más naturales y corrientes, inherentes por así decirlo a la condición humana”.

Irritación social

“La causa de lo que está aconteciendo no es de orden físico, ni estriba en acontecimientos exteriores, sino que depende exclusivamente del estado de ánimo del pueblo, que ha cambiado, y al que esfuerzo alguno podría ya volver a su anterior condición, del mismo modo que ningún esfuerzo humano podría hacer que el hombre ya formado, volviera a ser un niño.

Ni la irritación social, ni la tranquilidad, pueden depender de que se ahorque a Pedro, ni de que Juan viva en Tambov o vegete en Nerchinsk, en una colonia penal.

La irritación social o la tranquilidad tienen, forzosamente, que depender, no de Juan o de Pedro solos, sino de cómo la gran mayoría de la nación considere su situación, y de la actitud de esta mayoría con respecto al Gobierno.

Y aunque mataseis y torturaseis a la decima parte de Rusia, no por eso el estado espiritual del pueblo iba a ser el que vosotros quisierais. Así, todo lo que estáis haciendo ahora, no lleva al pueblo al estado de ánimo que deseáis, sino que, por el contrario, aumenta la irritación y destruye toda posibilidad de paz y de orden.

Pero ¿qué es lo que se debe hacer? ¿Cómo poner término a las inequidades? La respuesta es muy sencilla: ¡Dejad de hacer lo que estáis haciendo!”

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