Algunos se preguntan si el estallido social que brotó en el país desde el 28 de abril con una movilización nacional que fue la segunda fase de la gran movilización de noviembre 2019, teniendo como un largo interregno la pandemia desde finales de marzo del año 2020, y a partir de la convocatoria de abril, inicialmente contra la lesiva reforma tributaria, desde allí surgieron las manifestaciones continuas, y en margen de ellas, el incremento de actos de vandalismo multiforme, turbamultas, marabuntas, revueltas, protestas, barricadas, bloqueos, y enfrentamientos callejeros, si esta situación de convulsión nacional que vive Colombia puede llegar a una guerra civil. Habría que recaer sobre los conceptos de la ciencia política para poder visualizar esa proximidad.
La guerra civil se da dentro de un país, se extienden a todo el territorio nacional o a gran parte de él, polarizan la sociedad y la neutralidad no sirve de excusa por la alta crispación de los contendores. Al configurarse se busca la caída el gobierno porque la etapa de reclamaciones y malestar general se tramitó dentro de las manifestaciones, los diálogos, las quejas, los intentos de reformas fallidas ante el Congreso, la ausencia de políticas públicas, y los factores que originaron las reclamaciones han crecido.
La guerra civil no se desata prematuramente, usualmente han pasado varios años o meses de inconformidad sin solucionar las quejas presentadas. Las manifestaciones son pacíficas y se dan a través de marchas, plantones, acampamientos, mítines, performance, actos culturales, lúdicos, musicales, pero cuando las manifestaciones son infiltradas o interferidas por saboteadores o vándalos prepago, mancillan el espíritu de la marcha y se promueve la intervención policía con represión, y estallidos violentos. Si la represión contra los manifestantes es continua con apaleamientos, balaceras, encarcelamientos, desapariciones, y sin mediar un protocolo que respete las marchas, y se corta el dialogo, sin verse la solución a la problemática, este es un indicador de que puede iniciarse una conflagración nacional con ribetes de guerra civil.
Podríamos mirar la experiencia colombiana con las 8 guerras civiles del siglo XIX donde encontramos causas repetidas y otras novedosas en cada guerra. La repetidas fueron los enfrentamientos bipartidistas, o la disputa por la definición del orden territorial, centralismo o federalismo; las injerencias de la iglesia para no perder privilegios o para recuperarlos después de las expropiaciones de bienes de manos muertas; la disputa por la tierra con el arrebatamiento de baldíos, las acciones de los jefes supernos departamentales como terratenientes y caudillos para ejercer el poder y la soberanía sobre territorios desconectados por la falta de vías, la decisión de otorgarle la libertad a los esclavos, que produjo el levantamiento de hacendados antiesclavistas para seguir usufructuando la gratuidad de la mano de obra ;la lucha entre librecambistas y proteccionistas los disentimientos entre caudillos militares y la concentración del poder para incubar autoritarismo como lo hizo Rafael Núñez al construir el sistema de La Regeneración, los fraudes electorales, la censura y ataques a la libertad de prensa y opinión.
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