La economia del postconflicto

Hebert Celín Navas

Quizá la principal causa de la cruenta historia de violencia que ha vivido el país está en la enorme inequidad en la distribución del ingreso, provocada por un modelo económico que concentró la riqueza en pocas manos y condenó a grandes regiones y grupos poblacionales a la exclusión y la miseria, convirtiéndose en el caldo de cultivo para que hicieran su aparición las guerrillas, el paramilitarismo, la delincuencia común y su elemento común transversal: el narcotráfico.

Han sido muchos años en los que este modelo económico que tuvo su momento cumbre en la década de los 80 con el llamado neoliberalismo ha imperado como única posibilidad de desarrollo en Colombia.

Los que soñamos con una patria distinta vemos  con esperanza este proceso si realmente se piensa en un modelo económico diferente que construya una Colombia incluyente, económicamente fuerte, con posibilidades de trabajo digno para todos, ecológicamente viable, con sistema agroindustrial que garantice la seguridad alimentaria para los colombianos y podamos ser despensa agrícola mundial, con  ciudades seguras viables urbanística y socialmente,  con respeto por los recursos naturales y la ecología, donde los jóvenes puedan construir proyectos de vida sin temor al secuestro o a la muerte temprana generada por la cultura de la ilegalidad, o la ineficiencia de los servicios sociales, donde la educación de calidad pertinente y a precios justos sea una  opción para todos y no solo para una elite privilegiada, donde halla seguridad jurídica y se respete la propiedad privada, pero que esta sea una posibilidad real para todos y el campesino vea recompensado su trabajo con un ingreso que le permita progresar.

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