Cali, mayo 30 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 29, 2026 21:40

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Cococho, promotor de lecturas infantiles

Orlando Gómez, el Geppetto colombiano

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Orlando Gómez Díaz es el Geppetto colombiano, pero no porque talle en madera a Pinocho y le de vida para que vaya a la escuela. Orlando también es carpintero y un día se le ocurrió crear a Cococho, quien tomó vida, lleno de saberes para motivar la lectura entre los niños.

Mientras Pinocho es delgado y de prominente nariz, que se le crece cuando dice mentiras, Cococho es un muñeco muy juicioso con rasgos afrodescendientes. Aunque don Orlando durante muchos años se dedicó al diseño de muebles en madera y al ejercicio de la ebanistería en su propio taller, jamás renunció al llamado de su vocación por la docencia y el buen gusto por la poesía.

Le preocupaba que los escolares fueran un poco renuentes a la lectura y por eso se inventó este icono, inspirado en el chontaduro y en su semilla que es un coco en miniatura. Cococho: “coco” es la pepa; “cho” es la pulpa sabrosa y grasosa que devoramos. Si al chontaduro se le adjudicaban poderes afrodisíacos, don Orlando pensó que con Cococho demostraría que también tiene poderes que seducen para el amor hacia la buena lectura. Un día renunció al taller de ebanistería para dedicarse de tiempo completo a mostrar su obra artesanal a los niños de diferentes rincones del continente, quienes se rinden ante la seducción de sus versos y narraciones.

Cococho el muñeco

El Geppetto colombiano le contó al Diario Occidente lo relacionado a su creación icónica y los talleres de promoción de la lectura. “Nací en Galicia, Bugalagrande. En el colegio, durante mi adolescencia, entro en contacto con la literatura. En mis años mozos me enamoro de la poesía y demás creaciones literarias.

Llego a Cali y me dedico a la ebanistería. En los ratos libres tomo talleres de escritura que programan las universidades y los centros culturales de la ciudad, donde me apasioné más por los cuentos y las fábulas. Siendo muy joven me dejo cautivar por el delicioso sabor del maravilloso chontaduro. Descubro que su sabor es mágico y que su pepa es la réplica de un coco en miniatura.

A partir de esa visión, que reproduzco en madera en mi taller, creo este personaje. Cococho nace en el Pacífico en el seno de una familia afrodescendiente. El modus vivendi de esta región no permite a los niños su acceso a la lectura.

La naturaleza, representada en este caso por la palma de chontaduro, decide ayudarles y entonces manda a su fruto con un bello pensamiento en su interior. Cuando estaban cocinando al chontaduro, de su fruto se gestó Cococho, personaje que tomó vida para contribuir con la formación de una sociedad lectora. Los niños aprendieron a querer a Cococho en su pedestal de forma piramidal, desde donde evidencia que es vocero de culturas muy antiguas”.

¿Por qué esta misión?

“Dicto talleres de lectura en los colegios, universidades y centros culturales que me inviten. No soy un intelectual, simplemente un pensador y un padre de familia que siempre sueña con un mundo mejor. Con un país donde sea la paz la que reine y donde los niños que puedan ir a la escuela y, los que no puedan hacerlo, busquen los libros y a través de ellos abran sus alas y puedan volar hasta los maravillosos mundos que ellos les presentan. Soy un convencido de que la imaginación es la fuente de la creatividad y con ella podemos hacer cosas que nunca hubiéramos imaginado. Cococho, lleva en su diminuta figura metas muy elevadas. Que sea este personaje el que siempre recuerden los niños por el enriquecedor hábito de leer. De ahora en adelante les traerá un nuevo cuento, una historia y los llevará a ese maravilloso mundo de los libros. Los invitará a leer, a escribir, a crear, para que le muestren de ejemplo a las nuevas generaciones”.

“Razón de ser”

“Al día siguiente, despuntando el alba, Joaco y Rubenchu salieron con su padre. Partieron en busca de algo que supliera la necesidad de alimentarse. Mochilas al hombro se despidieron de Pola y Milincho.En medio de la llovizna y el terreno pantanoso caminaron varias horas. En aquella selva tropical no había alimento alguno. Cansados y extenuados llegaron a un pequeño claro, lleno de exóticas palmeras que tenían en su parte más alta racimos de muchos frutos de vistosos colores. Nino pensó que esto les podía servir. ¿Pero cómo cogerlos? Los cuerpos de estas palmeras estaban cubiertos por puntiagudas espinas que no les permitían subir. Rubenchu recogió algunos del suelo e intentó comer. Pero esto fue imposible, eran demasiado duros. Algo extraño sucedía en aquel lugar. Un suave viento los envolvió. Parecía que este viento estaba encantado o algo mágico hubiera en él. Nino y sus hijos se quedaron pasmados ante una bella palmera que se mecía extrañamente. Movía su cuerpo de un lado a otro y su rítmico movimiento era como queriendo comunicarse con Nino. Era muy extraño. Belarmino sentía como si algo bueno o noble fuera a suceder. De pronto escuchó una voz que salía del interior de la palma. –¡Oh!, buen hombre, tus ruegos han sido escuchados. Lleva mis frutos, cocínalos y la naturaleza de su sabiduría te ayudará a tan noble pensar”. (Fragmento de “Cococho y su razón de ser”.)

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