Cali, mayo 30 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 29, 2026 21:40

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Géneros literarios postrados

Museo de cuadros de costumbres y variedades

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

El género epistolar está postrado y carecemos de museos de cuadros de costumbres y variedades del pasado. El intercambio de cartas y la lectura de literatura sobre costumbres, parecido a como ocurre con las historias personales de los seres humanos, hoy también padece uno de los peores males de la vejez: el abandono por parte de sus lectores.

No sólo rompimos la comunicación verbal con los adultos mayores y los relegamos a un rincón de la casa, sino que tampoco remitimos, ni recibimos cartas. Las narraciones de costumbres quedaron abandonadas en las hemerotecas y las cartas están siendo relevadas por los mensajes de WhatsApp y de Twitter.

Pero la educación no se percata de lo que se pierde cuando los docentes de Lengua Castellana desechan tales géneros literarios y las nuevas generaciones los ignoran. Si las ciencias sociales y la historia nos informan sobre los hechos pretéritos, sólo a través de la lectura de las crónicas antiguas y al revisar las correspondencias escritas entre las personas de siglos anteriores, percibiremos y degustaremos a plenitud el pasado, intacto. Inclusive, recordemos que las narraciones de costumbres y los textos de las cartas, son valiosas fuentes etnográficas para sociólogos e historiadores en la reconstrucción del pasado.

Cartas sin carteros

El género epistolar evolucionó en cada siglo acorde a los cambios de las costumbres, y las transformaciones sociales, culturales, políticas y del desarrollo tecnológico. En otrora remitir cartas fue un asunto de estrato social, pero las revoluciones políticas lo popularizaron cuando en las constituciones reconocieron los derechos humanos a la educación y a la libre expresión. “El género epistolar no es ya un caballero del siglo XVIII que escribe con puños de encaje a la luz de los candelabros donde arde la cera –afirmó Alfonso Reyes al prologar una antología epistolar-; no es ya una dama que lee la carta y sonríe, tumbada negligentemente a lo Pompadour junto a un clavicordio abierto o junto a una esfera que pretende darle aires de musa”. En las guerras de independencia latinoamericana los generales coordinaron varias batallas patriotas mediante cartas que indicaban las estrategias.

En el siglo XX la remisión de cartas se popularizó. “Porque este rectángulo blanco –escribió Juan Gustavo Cobo Borda en una carta- alberga todas las imaginaciones posibles: lo que has soñado, lo que he ansiado, lo que quizás ninguno de los dos sabe bien cómo se llama”.

Pero ya en el siglo XXI, con el posicionamiento del internet, los correos se extinguieron y desaparecieron los mensajeros que por las tardes en sus bicicletas llevaban envíos comerciales a las empresas o repartían cartas a las enamoradas.

Reconstrucción del museo

“Museo de cuadros de costumbres y variedades”, de José María Vergara y Vergara (1866), cuya reedición fue presentada en la pasada Feria Internacional del Libro de Cali, llena el vacío de fuente bibliográfica, como un esfuerzo editorial conjunto entre las universidades de Los Andes y del Rosario. Felipe Martínez Pinzón, después de siglo y medio de ser presentada la obra por su autor (1866), asumió esta nueva edición académica, con estudio y notas, por considerar que el libro es una obra mayor del siglo XIX y una contribución clave de la cultura letrada decimonónica, que había permanecido al margen de las investigaciones sobre la época. “Como pieza literaria –explica Martínez Pinzón-, es una de las expresiones más acabadas de mediados del siglo XIX. Como tal, el Museo fue una reacción a las reformas liberales de la época”. Esta reedición presentada en dos voluminosos tomos está compuesta por 97 textos y la primera impresión completa de la novela Manuela, de Eugenio Díaz. A partir de tipos humanos, eventos históricos y paisajes emblemáticos, representa el álbum familiar de Colombia. Rescata del archivo los periódicos de los cuales Vergara extrajo sus cuadros. Contiene 32 ilustraciones de la cultura visual de la época”. Es una radiografía cultural de la época en que se formaron los partidos políticos colombianos tradicionales, Liberal y Conservador.

Premonición caleña

“Museo de cuadros de costumbres y variedades”, contiene crónicas literarias sobre las nochebuenas, los trilladeros de las haciendas, el lenguaje de las casas, etc. Pero también trae reflexiones sociológicas. En la página 331, Manuel de Pombo, narra una excursión por el Valle del Cauca y describe a nuestra ciudad: “Cali es hoy una ciudad importante, pero es apenas el bosquejo de lo que debe ser algún día si comprende sus destinos comerciales, y los sigue con fe y perseverancia: algún día será el emporio del sur de la República. Como llave del Pacífico, Cali debe propender con todas sus fuerzas a abrirse una vía de comunicación buena y corta hacia el mar, y entonces su fortuna estará hecha.
Entonces, además de su prosperidad propia, la de todo el Cauca refluirá en su favor, como centro mercantil de tan espléndidas regiones. Nuestra excursión había terminado y regresamos a Popayán con el profundo convencimiento de que la gran necesidad, la esperanza redentora del Valle del Cauca es, en general, la industria y especialmente, como condición indispensable para ella, la apertura de caminos hacia el Pacífico”. Entre los cronistas recopilados, figuran: María Josefa Acevedo de Gómez, Lino de Pombo, José María Samper, Manuel Ancizar, Ricardo Silva, Medardo Rivas, Santiago Pérez, Joaquín Posada Gutiérrez.

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