A pocos días de la segunda vuelta presidencial, una de las preguntas más importantes no está en los electores de Abelardo de la Espriella ni en los de Iván Cepeda, sino en quienes votaron por otros candidatos en la primera vuelta y ahora deberán decidir qué hacer el próximo domingo.
La bolsa no es pequeña, los candidatos distintos a Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda sumaron en conjunto 3.228.499 votos el pasado 31 de mayo.
Se trata de ciudadanos que ya demostraron disposición para participar en las elecciones y que, por lo tanto, representan uno de los principales botines electorales de la segunda vuelta. La pregunta es cómo se repartirán.
Al revisar la procedencia de esos votos aparecen tres grupos claramente diferenciados:
El primero es el de quienes tienen una afinidad predominante con Abelardo de la Espriella.
Allí aparece la votación de Paloma Valencia, que obtuvo 1.639.685 votos; la de Santiago Botero, que alcanzó 206.140; la de Miguel Uribe, con 28.657; y la de Gustavo Matamoros, con 5.627.
En conjunto los candidatos con un electorado afín a De la Espriella suman 1.880.109 votos, el 58,2% de esa bolsa electoral.
El segundo grupo es el de quienes tienen una afinidad más clara con Iván Cepeda. Allí están los 225.517 votos de Claudia López, los 14.108 de Roy Barreras, los 13.270 de Luis Gilberto Murillo y los 12.694 de Carlos Eduardo Caicedo –estos dos últimos, aunque se habían retirado, aparecieron en la tarjeta electoral de la primera vuelta-. En total son 265.589 votos, el 8,23%.
Y existe un tercer grupo, que es justamente donde está la principal incógnita de la elección. Se trata de los electores de Sergio Fajardo, Mauricio Lizcano y Sandra McCollins, entre los tres suman 1.082.801 votos.
Son ciudadanos cuyo comportamiento resulta mucho más difícil de predecir, pues podrían repartirse entre los dos finalistas, el voto en blanco o incluso la abstención.
Así las cosas, la ventaja en la repartición de los votos que quedaron en la bolsa de los candidatos que no pasaron a segunda vuelta la tiene Abelardo de la Espriella.
Esta ventaja se da no sólo porque el candidato opositor tiene una afinidad clara con una porción importante de esa bolsa de votos, sino porque incluso una parte de los electores que hoy aparecen en la zona de incertidumbre podría terminar inclinándose hacia su candidatura.
Claramente, allí aparece un problema para Iván Cepeda. Si la segunda vuelta dependiera exclusivamente de los electores que participaron el 31 de mayo, Abelardo De la Espriella tendría cómo ampliar a más de dos millones de votos la ventaja que obtuvo en la primera vuelta.
Por eso el gran reto del candidato del Pacto Histórico parece estar en otro frente: conquistar nuevos votantes, es decir, lograr que el próximo domingo participen ciudadanos que no acudieron a las urnas en la primera vuelta.
Sin embargo, tampoco allí tiene el camino despejado, porque la misma estrategia está al alcance de Abelardo De la Espriella.
Claro está que en la campaña de De la Espriella deben tener claro que no hay espacio para confiarse.
Del lado del Pacto Histórico, con el presidente Gustavo Petro a la cabeza, se está haciendo un máximo esfuerzo para reducir la ventaja que obtuvo el candidato opositor en la primera vuelta y para movilizar electores que no participaron el pasado 31 de mayo.
En ese sentido llamó la atención una advertencia hecha por el exalcalde Enrique Peñalosa, quien señaló que aunque las encuestas muestran una ventaja cercana a los siete puntos porcentuales para De la Espriella, en la segunda vuelta presidencial de 2022 Gustavo Petro aumentó su votación en cerca de 2,75 millones de votos frente a la primera vuelta.
Si al final ambos candidatos logran movilizar nuevos electores, pero De la Espriella captura la mayor parte de los votos que dejaron los candidatos eliminados, la ventaja obtenida en la primera vuelta no sólo podría mantenerse, sino que también podría ampliarse.
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