La crónica de Gardeazábal

La institucionalidad nos defiende del covid

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Aunque los plutócratas, dueños verdaderos del gobierno que se ejerce desde la Casa de Nariño, insistan en defender al presidente Duque apelando a que la institucionalidad debe respetarse, resulta demasiado evidente que están insistiendo en el caballo perdedor de todas las carreras y, lo peor, que están confundiendo lo que verdaderamente representa la institucionalidad con el capricho por sostener a un mal gobernante.

Probablemente porque el presidente Duque no conozca la gran mayoría de los temas de los cuales es responsable de manejar para que el país marche y en vez de combatir esa atraso intelectual en el manejo del estado prefiere revestirse de una soberbia ofensiva para disimularlo. O quizás porque a la hora de escoger a su equipo de trabajo ,y sobre todo a sus consejeros, no ha acertado habiendo preferido a muchachos muy poco curtidos o de pronto bastante ignorantes en materia de manejo del estado, la política y los temperamentos humanos.

Quizás por eso y porque como le tiene pánico a los ancianos hasta menospreciarlos una otra vez con medidas punitivas sin sentido ,ha preferido tener cerradas las puertas a la posibilidad de acercar al manejo del estado a los viejitos lúcidos.

Por todo ello y por muchas más cosas que resultaría aburridorsísimo repetir aquí, la capacidad de acertar que tiene el presidente Duque es ínfima.

Lo que ha sucedido con la fecha de ordenar la reapertura total del país, autorizando la realización de espectáculos masivos, de fiestas y reuniones sociales, es inconmensurablemente ridículo. El día que fijaron, el 9 de junio, el país amaneció con 550 muertos por covid y más de 23 mil infectados, ayer tuvimos 573,cifras nunca antes alcanzadas.

Nadie sabe por qué se precipitaron a reabrir. Nadie sabe quien dio el consejo, pero aunque quien apareció en público dando la orden para bajar la bandera verde y terminar cuarentenas y medidas especiales adoptadas para evitar los contagios fue el ministro de Salud, la culpa del mal ojo no se la achacan al funcionario sino al presidente Duque.

Ahora se puede entrar al país así se traiga la variante Delta de la peste. Ahora ya no hay que llenar ningún requisito para montar en avión o en bus. Sálvese el que pueda y como pueda que el presidente Duque y su gobierno se cansaron de orientarnos y de ordenarnos para escapar de la pandemia. Para ellos resultó más importante salvaguardar la institucionalidad que la salud.

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