Dos de los elementos preocupantes de nuestra hermosa Colombia son la amnesia u olvido de las cosas o hechos y la ignorancia que nos carcome y nos afecta enormemente la patria.
La primera es aquella que logra que a muchos se nos olviden personajes funestos pero los seguimos considerando vitales para el desarrollo del país y, la segunda es sumamente crucial.
No hay nada más peligroso para un país que la ignorancia. Cualquier vendedor de ilusiones se aprovecha de eso.
El mundo vive un caos moral y político terrible, gracias a eso, a la amnesia y a la ignorancia.
Colombia no escapa a eso. Desde hace muchísimos años vivimos una mentira, los diálogos de paz que no llegan nunca a nada positivo.
Cuando Belisario Betancur, después de dos o tres intentos, logró la presidencia con el argumento de ser un niño sufrido, de familia muy pobre, vivió en su mandato el asalto y asesinato de la Corte Suprema de Justicia.
Se inventó unos “diálogos de paz” que les permitieron a las guerrillas de entonces pasar de 13 a 60 frentes. Salió de ese cargo como si Colombia hubiese dado dos pasos adelante.
Igual nos pasó con López Michelsen, un gentleman poderoso, al que le encantaba la vida bohemia.
Ni qué decir de los Pastrana, papá e hijo. A Andrés lo dejaron esperando en una mesa, sin esperanza de nada.
Y llegamos a uno de los peores: Ernesto Samper Pizano, con tremendos apellidos, pero dejando un país en la peor de las incertidumbres.
Y nos llega otro igual, Juan Manuel Santos, de familia “pulquérrima”, quién negocia un premio nobel a cambio de entregar el país a fuerzas oscuras, que son los que se crecieron en esos dos gobiernos.
Iván Duque, hombre inteligente pero demasiado frágil y, somos premiados con un gemelo de Ernesto y Juan Manuel: Gustavo Petro Urrego.
Nos dejó viviendo en el miedo y el poderío del narcotráfico.
Llega un outsider, Abelardo, quién tiene esperanzado a más de media Colombia y, a un cuarto de país, amnésicos, ignorantes y resentidos, muy desapacibles porque se les fue el que acabaría con los ricos, con la libre empresa, con libertades y con la canasta familiar.
No le alcanzó el tiempo, afortunadamente. Pero siguen sus huestes adoloridas porque se les rompió el presupuesto, creando supuestos y fracasos, pensando, posiblemente, en las elecciones del 2030, con la perversa ilusión que seguirán contando con amnésicos e ignorantes, además de querer que continúe la “paz de los sepulcros.”
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