Cali, febrero 12 de 2026. Actualizado: miércoles, febrero 11, 2026 22:54
Hay que cuidarse de presiones innecesarias que afecten la renegociación con las Farc.
En la renegociación con las Farc hay que cuidarse de fijar plazos imposibles de cumplir que terminen por dificultar la construcción de un nuevo acuerdo final; si bien las partes deben proceder con criterio de celeridad, es bueno que el país tenga claro que a los miembros de las Farc y a los promotores del No les tomará tiempo llegar a puntos comunes.
Los ajustes no serán cosméticos, no se trata de cambiar signos de puntuación, sino de revisar temas gruesos, como el de la jurisdicción especial de paz, en el que las visiones de los representantes del No y las del Gobierno y las Farc son muy distantes.
Si en la negociación del acuerdo inicial las partes tardaron cinco años, no se puede pretender que ahora lo hagan en cuestión de semanas. Claro, hay que pedir que la renegociación se concrete lo más rápido posible, pero, siendo realistas, ¿qué tan fácil será convencer a los cabecillas de las Farc que deben pagar sus penas con reclusión? En ese punto, por ejemplo, será complejo que las partes lleguen a un punto compartido; para que lo hagan, se requiere tiempo.
Así como las Farc tienen intereses muy profundos, los líderes del No tienen objeciones muy profundas; salvo los reclamos sin fundamento que se han hecho por la supuesta política de género, que no está en ninguna parte del acuerdo, muchas de las otras observaciones son válidas y se requiere tiempo para reconstruir esos apartes a satisfacción de todos.
No quiere decir lo anterior que los diálogos de esta nueva fase deban ser indefinidos, no, hay que pedir celeridad, pero no imponerla, lo importante es que todo salga bien.
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