Cali, mayo 31 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 29, 2026 21:40
Dice una conocida y acertada frase que el desorden antecede al crimen, teoría que, lamentablemente, aplica a la perfección en Cali, donde lo ocurrido durante el paro nacional potenció la delincuencia y la indisciplina social. Si bien la capital del Valle del Cauca no era un modelo de seguridad y buen comportamiento, es claro que la falta de autoridad que se dio durante el estallido social incentivó el desconocimientos de las normas y de toda figura que represente el control, actitudes que hoy se reflejan de diversas maneras en una ciudad que se percibe caótica.
Desde las caravanas de atracadores, el aumento de los robos y de los linchamientos de ladrones, pasando por los ataques diarios contras los buses del MIO, así como la invasión de los carriles sólo bus, el impedimento para que los guardas de tránsito ejerzan la regulación vehicular en algunas intersecciones y hasta las tomas del hundimiento de la Avenida Colombia son muestras de una ciudad en la que se puede transgredir cualquier norma y no pasa nada.
Permitir que esa visión se acuñe y que las manifestaciones de criminalidad e indisciplina se sigan multiplicando puede llevar a Cali a una situación incontrolable, por eso es necesario que las autoridades actúen con contundencia antes de que sea demasiado tarde.
El problema no es simple, en la capital vallecaucana confluyen múltiples ilegalidades así como múltiples culturas, producto de una migración que no termina y a la que día a día, además de los desplazados que llegan de la región, se siguen sumando extranjeros. Por esto, es necesario que el Gobierno Nacional deje de ver lo que ocurre en Cali en materia de seguridad y orden público como un problema local y realice una intervención de largo aliento con toda la fuerza pública y los organismos de inteligencia del Estado. Esta no es la ciudad que queremos tener.
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