Quienes somos creyentes miramos a Jesús como ese ser espiritual que vino a redimirnos, pero, como se convirtió en humano, es inevitable caer en la tentación de mirarlo como un hombre público, un ser político. En el entreverado de los cuatro evangelios, algo así como su biografía transmitida oralmente y escrita probablemente 60 a 100 años después, podemos descubrir su doctrina especial, su forma de difundirla, la red de seguidores y el gran debate que surgió a su alrededor.
Para fines estrictamente terrenales, quizás nos interese saber si era un conformista político, un reformador o un revolucionario, y, oh sorpresa, al mirar sus parábolas y el relato de su vida, difícilmente lo podemos enmarcar. Hay dos pasajes que podrán sorprender por su aceptación del establecimiento o su actitud táctica, aquel en que desafiado por los fariseos sobre pagar impuestos o no al emperador romano contesta brillantemente “Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios”, y su ingenioso pedido a Pedro para que tome un pez con su vara y le saque de la boca una moneda y pague los impuestos al templo debidos por él y por Pedro.
De otra parte, podríamos pensar que es un reformador, porque, a pesar que fustiga en reiteradas ocasiones las leyes absurdas impuestas por el estamento religioso judío, es claro al decir “no crean ustedes que yo he venido a suprimir la ley o los profetas, no he venido a ponerles fin, sino a darles su pleno valor”.
Finalmente, su lenguaje y su vida se podrían entender como auténticamente revolucionarios, pues intenta abiertamente cambiar visiones socio económicas y costumbres políticas, como cuando se niega a permitir apedrear a una adultera, desafiando la ley judía, o cuando declara que tienen más valor los pobres que los sacerdotes y los nobles o cuando interpela a los fariseos declarándolos sepulcros blanqueados que imponen al pueblo cargas que ellos no cumplen o cuando declara que no ha venido a este mundo a traer paz sino guerra y como corolario, cuando se declara rey pero señala que su reino no es de este mundo y permite que entre vítores y palmas el pueblo lo pasee, pueblo que luego lo sentencia a muerte.
Sobra decir que era un excelente líder, su voz pausada era incendiaria, creó un círculo inicial de 12 seguidores y luego de 72 para multiplicar su doctrina, que se convertiría en un movimiento universal con fuerte raíz de justicia social a costa de su muerte y de sus seguidores. Gandhi decía “No sé de nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús. El problema está en los cristianos que no viven de conformidad con lo que él les enseño”.
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