Hemos vivido momentos difíciles, pero este es uno de los más dolorosos. El terremoto que afectó a cinco departamentos no solo estremeció la tierra: sacudió familias, comunidades y la tranquilidad del país.
Lamento las vidas perdidas. Ninguna palabra alcanza para aliviar la ausencia de quienes ya no regresarán.
A sus familias les envío un abrazo solidario y oro para que encuentren fortaleza en medio de un dolor que no admite explicaciones.
Solemos decirnos que debemos ser fuertes, levantarnos y seguir adelante. Es necesario darnos ánimo, pero quiero decir esto: vale llorar.
Vale sentir miedo, tristeza, impotencia y cansancio. Esto nos duele, y reconocerlo no nos hace débiles; nos hace humanos.
Es verdad, una casa puede reconstruirse y un negocio volver a abrir. Sin embargo, no podemos repetir esa frase sin comprender lo que significa perderlo todo.
Para muchas personas, aquello que cayó en segundos representa años de trabajo, sacrificios, créditos, madrugadas y sueños. Algunas están en una edad en la que comenzar nuevamente resulta mucho más difícil.
Esta realidad no puede ser politizada. Aquí no hay adversarios: somos un solo país enfrentando una tragedia.
El dolor no pregunta por ideologías y la solidaridad tampoco debería hacerlo. Debemos mirarnos desde lo humano y actuar unidos.
En Cali hemos visto una fuerza que conmueve: personas voluntarias que se organizan, suman esfuerzos y ponen sus manos al servicio de los demás.
Su disposición, ayuda, acompaña y salva vidas. Esa solidaridad espontánea demuestra que el cuidado colectivo puede abrirse camino incluso en medio de la tragedia.
Colombia necesita una respuesta institucional rápida, coordinada y sensible, acompañada por una ciudadanía dispuesta a colaborar.
Reconstruir significa levantar paredes, pero también recuperar proyectos de vida, seguridad y esperanza. Nadie debería enfrentar solo una tragedia de esta magnitud.
Sobre la autora…
Johana Caicedo Sinisterra es una líder social comprometida con el bienestar y la transformación de vidas.
Es profesional en Filosofía, magíster en Educación y doctora en Humanidades. Desde el servicio público, ha trabajado por la igualdad, las oportunidades y la construcción de una sociedad más humana y justa.
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