Sordos y mudos

Gustavo Alvarez Gardeazábal

Nunca creímos ni los directivos de Unaula como editores, ni yo como escritor, que LOS SORDOS YA NO HABLAN, republicados 30 años después, fuese a ser un libro exitoso en plena pandemia y con las librerías a medio abrir cuando no cerradas.Pero lo ha sido y hoy,cuando se cumplen en este viernes 13 de noviembre 35 años del día que el volcán del Ruiz se cansó de advertir que estaba a punto de estallar y botó la tapa y con ellas los millones de toneladas de hielo acumulado por siglos en su forma trapezoidal,me convenzo que ni titulé mal mi novela ni los colombianos han dejado de ser sordos. Más aún, han preferido volverse mudos.

Como tal no quieren hurgar en la historia reciente de la patria para tratar al menos de entenderla.Con la simpleza sinverguenzona del derrotado se comprueba que sobre la tragedia de Armero no saben casi nada los menores de 45 años. Y se demuestra también que nunca se dejó juzgar la actuación del gobierno de Belisario Betancur y en especial de su ministro de minas Iván Duque Escobar al negarse en sesión plenaria de la Cámara a garantizar un sismógrafo para el volcán nevado del Ruiz que pedía en aquel año de 1985 el representante a la Cámara Hernando Arango Monedero.

Un fallo del Consejo de Estado esculpiendo ante la historia que los 40 mil muertos de Armero y Chinchiná fueron víctimas de un desastre natural, obvió la responsabilidad de no haber tomado medidas drásticas evacuando las poblaciones en el momento que comenzó la lluvia de ceniza. Por supuesto nadie entró en detalles investigativos judiciales de por qué si hubiesen colocado el sismógrafo se habría evitado la matazón.

Prefirieron contar la anécdota que hizo carrera en Manizales de que el Ruiz según sus dirigentes y periodistas no necesitaba sismógrafo porque allá, al pie del volcán, en donde comenzaba la nieve,había un chalet suizo “El Refugio del Ruiz” que tenía una perra pastor alemán llamada “Laika” que cuando el volcán iba a arrojar ceniza o a rugir en sus entrañas, ella se ponía nerviosa y los turistas ingresaban al chalet para ponerse a salvo.

En memoria de todos esos muertos. Recordando el medio millar de niños desaparecidos y nunca hallados porque fueron mal manejados por las autoridades de socorro y de Bienestar,pero sobre todo en honor a Ramón y Aquileo,el alcalde y el juez de Armero que intentaron ser oídos por los sordos del gobierno bogotano,cierro los ojos,me pongo la mano en el corazón y recito la frase del himno nacional“ en surcos de dolores el bien germina ya”.

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