Rumba, pero con cuidado

José David Solís Noguera

Después de cinco meses de “encierro”, retomar la vida no sólo se hace necesario sino crucial para reactivar la economía y darle un nuevo orden a la vida, pero, con la oferta de actividades reactivadas, resulta preocupante la manera como se asumirá el autocuidado en esta nueva etapa llamada “aislamiento selectivo”.

Cali es una ciudad que culturalmente no duerme y que vibra en alegría, baile y encuentro, y por eso veo con esperanza el retomar esas actividades económicas que permiten sanar emociones y que inciden en la recuperación de confianza, pero me asalta una duda acerca de ¿qué tan conscientes somos todos para entender que el virus no se ha ido? La encrucijada está en la forma como muchas personas ven al virus y la seriedad con la que se protegen.

Salir, donde la calle, en efecto, tiene el más alto riesgo de un posible contagio, el cuidado de la salud y la vida ya no es una tarea del gobierno, de cada uno de nosotros dependerá que no volvamos a una cuarentena obligatoria. La expectativa es que, con esta reactivación de actividades de la noche y los planes pilotos del sector de la rumba – como los “aguaelulo” – los empresarios del entretenimiento saquen toda su capacidad creativa y permitan la generación de nuevos empleos, teniendo en cuenta que durante esta pandemia cerca de 300 mil personas perdieron sus puestos laborales en Cali. Si el comerciante y dueño de bares y discotecas aplica las medidas, estoy seguro que se convertirán en aliados estratégicos para garantizar el bien común de una ciudad que debe azotar baldosa, pero con cuidado.

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