Eso pareciera que estuvieran pensando la gran cantidad de precandidatos presidenciales que se están lanzando dos años antes de que Duque termine su mandato, por si suena la flauta.
Muchos de ellos tienen cuentas pendientes con la justicia, aprovechando que esta no funciona eficazmente, ya sea por vencimiento de términos, por compadrazgo con magistrados o jueces, por que le pagaron al “cartel de la toga “o, porque creen que, por ocupar un cargo como la Procuraduría, por ejemplo, donde sancionan funcionarios de poca monta mientras dejan quietos a los peces gordos, se sienten con el derecho de gobernar un país que no ha dejado de ser tropicalista y analfabeto político. Lo cierto es que de esa “pléyade de próceres” solo se salvan uno o dos, lo que quiere decir que el país corre el peligro de seguir en las mismas, es decir, en ese abismo de corrupción y desigualdad social en que vive desde hace más de cien años.
A Colombia no le solucionan sus problemas ni la izquierda, ni la derecha ni el centro, pues estos están inmersos en sus propios intereses, en su megalomanía, en sus venganzas políticas, en ayudarle a sus amigos y familiares, pero no al pueblo en general. El Verde que creíamos descontaminado al inicio de su gestión proselitista, también cayó en lo mismo de los otros, con gente sectaria, creyendo que, con denominarse de centro izquierda, teniendo allí gente como Antonio Sanguino, estaban libres de paja y polvo. Pues no. Nos equivocamos. El país necesita un personaje con sensibilidad social, sobre todo. Tenemos tiempo para eso.
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