Célimo Sinisterra

Mohandas Karamchand Gandhi

Célimo Sinisterra

Hablar de historia y de personajes que han sido protagonistas de hechos o acontecimientos circunstanciales resulta muy importante para los académicos y para esas personas que aman el conocimiento y se ocupan de escudriñar las escrituras para mejorar sus competencias y en el mejor de los casos para no pasar vergüenza a la hora de abordar temas de cultura o interés general.

Durante miles de años en países como Grecia, Italia y Egipto entre otros el hombre se ha distinguido por sus saberes por su alto grado de sabiduría y sobre todo por su disciplina frente al conocimiento.

Han pasado miles de años y hoy recordamos a personajes como Zenón de Citio, Tales de Mileto, Anaxímenes, Epicuro, Pitágoras, Guillermo de Ockham y muchos hombres y mujeres como Hipatia y que hoy la historia los trae a colación por su legado.

Ellos han dejado huellas imborrables que a pesar de haber vivido incluso antes de Cristo hoy sus vidas hacen parte de procesos formativos y sobre todo de ejemplos y caminos a seguir de muchas personas que reconocen como valiosas sus vidas.

En esta oportunidad y para no retroceder mucho en el tiempo nos trasladaremos a la India donde encontramos a un verdadero pacificador y líder que hoy pocos hablan de él.

Mahatma Gandhi

Nació en Porbandar, India británica; 2 de octubre de 1869, fue asesinado en Nueva Delhi, Unión de la India el 30 de enero de 1948. De Gandhi se dice que fue el dirigente más destacado del Movimiento de independencia de la India contra el Raj británico, para lo que practicó la desobediencia civil no violenta, además de pacifista, político, pensador y abogado hinduista indio, recibió de Rabindranath Tagore el nombre honorífico de Mahatma.

A los 13 años contrajo matrimonio, a los 16 años sintió el sentido del deber y de la responsabilidad motivado por cuidar a su señor padre que estaba convaleciente, cuando fallece su progenitor se ocupa de liderar procesos en contra de la colonización británica y sobre todo en aquellos que estuvieran ligados a la no violencia donde primaban el respeto y la tolerancia en las diferentes expresiones religiosas. A los 17 años fue matriculado en la universidad de Londres donde estudió derecho, es aquí donde sale la famosa fábula o leyenda donde un profesor de apellido Peter discrimina al joven estudiante y le hace pasar duros momentos.

El profesor Peters y el alumno Gandhi

Cuando Mahatma Gandhi estudiaba Derecho en Londres, un profesor de apellido Peters le tenía mala voluntad, pero el alumno Gandhi nunca bajó la cabeza y eran muy comunes sus encuentros.

Un día Peters estaba almorzando en el comedor de la universidad y él venía con su bandeja y se sentó a su lado, el profesor, muy altanero, le dice: “¡Estudiante Gandhi, Ud. no entiende!

Un puerco y un pájaro no se sientan a comer juntos”. A lo que Gandhi le contestó: “Esté usted tranquilo, profesor, yo me voy volando”, y se cambió de mesa… El profesor Peters se puso verde de rabia, porque entendió que el estudiante le había llamado puerco, decidió vengarse con el próximo examen…

Pero el alumno Gandhi respondió con brillantez a todas las preguntas del examen. Entonces el profesor le hizo la siguiente interpelación: “Gandhi, si Ud. va caminando por la calle y se encuentra con dos bolsas y dentro de ellas están la sabiduría y mucho dinero, ¿cuál de las dos se lleva?”. Gandhi responde sin titubear: “¡Claro que el dinero, profesor!”. última palabra. El profesor sonriendo le dice: “Yo, en tu lugar, hubiera agarrado la sabiduría, ¿no te parece?”… Gandhi responde: “Cada uno toma lo que no tiene profesor”.

El profesor Peters, histérico ya, escribe en la hoja del examen “IDIOTA” y se la devuelve al joven Gandhi. Éste toma la hoja y se sienta… Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice: “Profesor Peters, usted me puso su firma pero no me puso la nota

Para reflexionar

Es cierto que el conocimiento es una virtud y son virtuosos los que aman y enseñan lo que saben con amor; mientras que el necio y el sabio en su propia opinión, no soportan el crecimiento ajeno y casi siempre terminan avergonzados.

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