Todo este berenjenal organizado sistemáticamente en algunos países latinos, incluido Colombia, con pretextos sociales y económicos, tiene como objetivo tumbar presidentes elegidos por voto popular. Esa es una verdad de a puño.
Lo que pasa es que muchos cierran los ojos y dejan que las minorías hagan y deshagan. Con razón Maduro y Diosdado amenazaron con incendiar nuestro continente, invirtiendo mucho dinero que les podía servir para calmar el hambre de sus compatriotas y para desviar la atención del mundo sobre Venezuela. En nuestro país encontraron receptores resentidos, políticos malos perdedores, los que durante el gobierno anterior, conocedores de tanta corrupción, tragaron sapos para no perder poder y mucha “mermelada”.
La insistencia de César Gaviria y Roy Barreras, por mencionar algunos, en exigirle a Duque un “acuerdo de país”, no es nada distinto a que les devuelvan la “mermelada” y la burocracia que el Presidente les quitó, lo que significaría seguir en lo mismo del pasado: corrupción galopante, por doquier y sin dolor. Han visto a un mandatario supremamente débil, que cometió el error de quedarse callado ante la “horrible noche” que le entregó Santos, razón por la cual está “llevando del bulto”.
Iván Duque no tiene otra salida que cumplir lo que prometió en su campaña, por lo que obtuvo un poco más de once millones de votos. Para ello debe fortalecerse y empezar a denunciar a quienes lo tienen arrinconado y que en el pasado participaron de ese derroche estatal y en muchas equivocaciones que hoy estamos pagando los colombianos injustamente. El país requiere urgentemente equidad social, sobre todo.
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