Gustavo Álvarez Gardeazábal

Crónica de Gardeazábal

Los enjuagues bucales y el covid

Gustavo Alvarez Gardeazábal

Hace dos años, cuando se armó la tremolina por la peste y nadie sabía nada, y el pánico se encargaba de obligar a tomar medidas entre ridículas e inocuas, algún médico israelí musitó que los enjuagues bucales podrían servir para atajar el avance del virus. No le pararon muchas bolas. El mundo siguió hablando de las vacunas y persiguiendo lo imposible. Esta semana empero el rector de la Universidad Simón Bolivar de Barranquilla, la Unisímón que fundara hace 50 años el inolvidable Doctor Consuegra O´ Higgins, nos dio la buena nueva que en el Laboratorio de Virología de la Universidad, su director el PhD en biología molecular, Antonio Acosta diseñó junto con un estudiante de postgrado un ensayo bioquímico que determinaría los efectos que algunos enjuagues bucales producen en la carga viral del covid porque le destruyen en la boca la membrana lipídica que protege al virus. El estudio, realizado por insinuación de un odontólogo barranquillero Enrique Jadad , que había convencido a la farmacéutica argentina Brix de fabricar un enjuague a base de D-Limoneno y CPC, demostró la eficiencia del producto, llamado Xyntrus hecho a base de cáscaras de cítricos fundamentalmente puesto que reduce la carga viral entre una y cinco horas .

Aunque ya el estudio fue publicado en la revista Healthcare y ha sido acogido como prometedor, faltará bastante rato para que la alta burocracia de la salud mundial lo acepte y permita que esta luz de esperanza se abra campo y todos terminemos haciendo buches de limonedo tratando de evitar el tránsito del virus de la cavidad bucal hacia los bronquios y los pulmones donde se ha estado acomodando en las variantes más extremas. Mientras tanto le saldrán los perseguidores de siempre porque según los nuevos dueños del orden mundial hay que combinar miedo con incredulidad y evitar ideas geniales que ayuden a salir a la humanidad de este trance. Pero como caminando se llega a Roma y ensayando nos han tenido desde cuando la peste asomó en Wuhan ,este procedimiento del enjuague bucal seguramente nos volverá a insuflar esperanza, la que a veces perdemos en los fosos del desánimo como ayer, cuando mi amiga, oyente, lectora y fanática Aleyda Ramírez, vacunada tres veces, sucumbió ante la peste y prefirió liar sus bártulos cariñosos para irse al más allá.

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