No es fácil entender la verdadera motivación de las controvertidas determinaciones de Petro.
Para mi generación leer entre líneas era una habilidad que se usaba para interpretar los pensamientos e intenciones ocultas de quien escribía.
Cuando El Tiempo estaba en manos de don Eduardo Santos y ejercía como dueño de la voluntad de este país, muchos colombianos de provincia aguzaron su herencia de zorros y se fueron convenciendo que una cosa era lo que decía el ejemplar impreso que llegaba hasta sus remotas regiones, y otra la verdadera intencionalidad de la noticia o de la columna de opinión.
En otras palabras, el país le creía a El Tiempo pero desconfiaba de sus verdaderas intenciones.
El paso de los años, los giros que dio la política y la masiva alfabetización de colombianos fueron difuminando esa prevención sobre el periódico de los Santos, pero quedó la semilla y por estos días de redes, IA y Petro, la desconfianza ha vuelto a germinar.
El ejemplo es fresco y lleva a preguntarse qué hay detrás del nombramiento del exalcalde Quintero a la Supersalud.
Parecería que a Quintero le están dando un premio por haber desbaratado el espíritu ideal de la consulta de la izquierda y facilitado con su halo fantasmagórico la renuncia del grupo más representativo de los zurdos que aspiraba a esa candidatura propiciando la entronización de Cepeda, hígado y cerebro del mamertismo estalinista, contra las opciones progresistas que enarbolaban los que tuvieron que irse cuando Quintero llegó como ave agorera.
Los colombianos curtidos no creemos a estas horas de la vida que la gratitud rija las conciencias de Petro o de Cepeda por lo que damos pábulo a pensar que la verdadera razón está entre líneas y que debe haber a lo menos una batalla que de sorda ha pasado a ardiente y que los inteligentes malabares políticos de Petro son para que no lo llamen esquirol.
¿O será mejor preguntarle a Roy…?
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