La teoría del “menos peor”

José David Solís Noguera

Escuchar a varios amigos decirme que votarán por el “menos peor” entre los tres candidatos más opcionados para quedarse con la Alcaldía de Cali termina siendo un “deja vu” que he venido repitiendo desde que puedo y tengo uso de razón para votar. La falta de renovación y credibilidad de liderazgos políticos ha concebido un enemigo que he denominado el “mal menor” o el candidato “menos peor”.

En Cali, distinto a las demás ciudades principales de Colombia, existen unas particularidades en el hacer política de muchos candidatos y que infortunadamente terminan siendo la causa esencial de todos los males que nos aquejan como ciudad.

No estamos eligiendo por convicciones en las propuestas de gobernar que presentan los candidatos, sino que decidimos el futuro administrativo de la ciudad a partir de las informaciones que se mueven en las redes sociales o en los comentarios de pasillo.

Me preocupa el devenir de Cali, y por eso debemos asumir con esa X – que pondremos en el tarjetón – la esperanza de pensarnos una ciudad con mejores oportunidades para todos. A menos de dos meses de las elecciones lo que realmente me decepciona es que los equipos estratégicos de los candidatos estén pidiendo y buscando votos sobre un lenguaje de cuál es el menos peor.

Es allí donde los medios de comunicación jugamos un papel clave en qué tipo de información le estamos entregando a los ciudadanos. Escuchaba hace unos días al escritor y periodista Juan Gossaín, quién señalaba sabiamente que la prensa es un servidor de la sociedad y que la gente nos necesita para decidir bien.

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