La crónica de Gardeazábal

La justicia espectáculo

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El país se ha ido acostumbrando a que lo importante no es el resultado de las investigaciones policiales o de Fiscalía, lo que cuentan son las filtraciones de los procesos, la publicación de las interceptaciones telefónicas o la orientación malévola de los titulares de prensa que condenan o absuelven sin formula de juicio y de acuerdo a la orientación o patrocinio que tenga quien titula.

Ya los tiempos en que Gaitán se volvió famoso por su defensa del General Cortés cuando la matanza de las bananeras,son historia remota. A casi nadie, ni siquiera a los estudiantes de derecho, les interesan los juicios o de cual manera se realizan en juzgados, tribunales o cortes, lo que importa ahora de la justicia es el espectáculo que brinde. Tal vez por ello al gobernador de Antioquia le comunicaron que no podía ser llevado a juicio en libertad usando una parafernalia de película de Netflix.

Y lo sucedido con el ultimo caso de Uribe y los testigos del batiburrillo en que terminó con efecto bumerang la denuncia del senador Cepeda llevando a prisión al expresidente, hasta renunciar a su curul de senador, sirvió para alimentar la polarización entre partidarios y enemigos de Uribe satisfaciendo lo que medios y titulares necesitan, no para ver la majestad de la justicia, si es que ella aún existe en esta opereta farandulera.

Ahora seguirán, desde el lado de los enemigos del expresidente Santos las lupas para hurgar acciones o negligencias, aciertos o equivocaciones tratando de volver más show mediático el juicio sobre su manera de gobernar porque si no lo hacen las Cortes lo construyen los blogs de youtube o las carátulas de Semana.

Y como no estamos ya en las épocas de Gaitán, pero abogados muy capaces si continúan ejerciendo su profesión en audiencias perdidas que ningún medio acoge, me cuentan que hace unos días terminó el juicio al expresidente de la Corte Francisco Ricaurte y que su defensor, un joven llamado Juan Sebastián Fajardo, demostró fehacientemente en el juicio que el Cartel de la Toga no existe.

Que fue un invento. Y todo porque no hubo ni un solo testimonio físico ni testimonial de que hubiese algún fallo determinado, pagado o desviado y tampoco que el acusado magistrado hubiera aumentado su patrimonio aquí o en el exterior y ,entonces, Fajardo, con sutileza gaitanista, concluyó que dentro de la concepción de justicia espectáculo el Cartel de la Toga solo existió en la capacidad emprendedora del único testigo, el abogado Luis Gustavo Moreno, para justificar a la hora de las tarifas lo que cobraba.

Por supuesto, de ese juicio nadie ha contado hasta ahora y solo lo harán para vilipendiar al juez si lo declara inocente o si condenan al acusado, para entronizarlo en el paredón de los fusilamientos .

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