La democracia colombiana está en grave peligro

María Sol Navia V.

La situación que estamos viviendo en Colombia es realmente muy grave. Ya no son temores infundados, ni especulaciones por la ideología del presidente o su pasado. Son amenazas reales que hace permanentemente y cada día más agresivas.

Amenaza a distintos actores de la sociedad, a los medios, a los empresarios, al sector financiero, a los políticos, a sus funcionarios; pero lo más perturbador es que ya se están dando pronunciamientos y hechos dirigidos al desconocimiento de la ley, del estado de derecho, de la separación de poderes, de las instituciones.

Desconoce las bases de nuestra juridicidad y de nuestra historia y sociedad, atacando con mentiras abiertas la construcción social y jurídica de nuestro estado, fruto del trabajo honesto y erudito de muchas mentes brillantes y de estudio y dedicación seria, así como de las luchas del pueblo, de los gobiernos, los legisladores y la justicia.

El presidente Petro ha venido construyendo una narrativa negativa contra el país que está afectando nuestra imagen interna y sobre todo externa, señalando que todo lo hecho en el país es trabajo de unos “sinvergüenzas” de una élite dominante y esclavista que no le interesa la equidad ni la paz y declarando que el país no tiene sino fallas producto de quienes han gobernado por 200 años, por ello se debe cambiar todo.

Es su forma de tapar su ineficiencia, la criminalidad y la corrupción que nos ahogan y su mal gobierno, buscando culpables que no son, como hace siempre, echar culpas a otros, aunque sean de su gobierno.

Construye una narrativa de un país sin avances, sin logros, sin nada positivo y desconoce todo el desarrollo que se ha construido a través de los años por políticos, empresarios y dirigentes honestos y preparados.

Mantiene un estado permanente de confrontación aupado por sus bodegas y la maquinaria oficial. Estamos siguiendo la misma ruta, pisando las mismas huellas y avanzamos por el mismo camino que Venezuela o Nicaragua, lo cual se comprueba con la información de esos países.

El presidente está empeñado en cambiar la estructura del Estado y sus instituciones por la vía que sea: habló de constituyente y cuando todos los expertos le dijeron que eso tenía un proceso legal claro en la constitución, empezó a acudir a la teoría del constituyente primario, el “pueblo”, y todo lo acomoda para decir que sus reuniones populares, a las que no asisten representantes de toda la población, son una constituyente.

Ahora se ha inventado, apoyado por Leyva, el peregrino camino de que el acuerdo de paz, que por lo demás fue negada en el plebiscito, señala que hay que hacer un acuerdo nacional, y que además no se ha cumplido lo allí firmado y por tanto tiene que hacerse la constituyente para cumplir lo allí ordenado.

El país necesita unirse para defender nuestra democracia, sin egos ni rivalidades.

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