La apatía a los temas políticos por parte del sector empresarial y una buena parte de la sociedad, han sido el comportamiento cultural por excelencia en nuestra cotidianidad.
Nos educaron pensando que la política era para algunos que por el solo hecho de ejercer la profesión desde cualquier escenario alteraban su estatus al de corrupto.
Esos, los políticos se dividían según mi entorno cultural, entre los de clase baja y poca cultura que, si acaso les alcanzaba para lagartear un cargo y, en aquellos que por su condición familiar lograban ocupar los cargos de mayor reconocimiento.
Además, se soportaba saber que estos últimos podían desempeñarse en conductas corruptas sólo si dejaban obras para la ciudad. Logrando incluso tasar la corrupción a niveles históricamente bajos como lo proclamara un ex presidente en el 10%.
El hoy, sobre comisiones por contrato, dista inmensamente en términos porcentuales. Aclaro, no estoy justificando ningún porcentaje. Sobre el tema, me comentó un amigo otoñal que por esta afirmación se perdieron amistades y se dividieron muchas familias.
Opino que esa cultura de la apatía y de la aceptación de malas prácticas esbozadas por niños de bien, graduados de Los Andes como son los Nule, dieron a luz pública la razón para despertar el sentido común y social para dejar de lado apatías y por el contrario motivarnos a ser parte del ritmo político del país y las regiones.
Y con este breve texto invito a los actores del sector productivo a concientizarnos de la importancia y determinación de los hechos políticos para el espíritu empresarial, la generación de empleo y la evolución de nuestra sociedad en general.
Un cambio en el modelo del país de democracia y capitalismo a uno de tiranía y nacionalismo, considero no sea el mejor campo para desarrollar planes de vida y sueños de familias.
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