Ideologías- II

Hugo E. Gamboa Cabrera

Quiero complementar mi columna anterior. Algunas personas me dicen que estoy siendo injusto, pero ahí está la historia del país a través de nuestros gobiernos, la estadística no solo del Dane, cuya independencia mental es cuestionable debido a que sus directores los nombra el presidente de turno, también de organismos nacionales e internacionales particulares. Lo cierto es que en nuestro país los ricos son más ricos y los pobres viven cada vez peor, sobre todo los imbuidos en miseria absoluta.

Soy demócrata, creo en el libre mercado, me encanta la democracia, sobre todo por tener derechos como la libre expresión y la libertad de moverme sin que me vigilen, pero, que le hacemos, somos un país con inequidades sociales y económicas que, si no tienen remedio, Colombia caerá más temprano que tarde, en manos de populistas que prometen ríos de leche y miel y cuando llegan al poder: ¡Mamola! Proceden a hacer lo mismo que los otros, a enriquecerse con el Tesoro Público, con los recursos del país y con la expropiación que le aplican a los que tienen. Doloroso decirlo, pero ejemplos a granel los tenemos cerca y lejos.

Ahora algunos políticos reconocidos en el país, por pésima gestión como funcionarios o como congresistas, que han hecho parte del sistema pavoroso de la corrupción que nos carcome por todos lados, salen a decir, apostrofando de los partidos de los que han hecho parte, que han “decidido” montar, fundar, crear nuevos grupos políticos para “refundar” el país, para cambiarlo, para reestructurarlo. Paja.

Son los mismos de siempre. Con los mismos vicios y anatemas. Quieren cambiar la cara por otra, pero, su conciencia seguirá siendo la misma, sus ambiciones igual solo que, aspiran a que ese pueblo sufrido y pendejo, les crea para que los elijan y seguir por el mismo camino.

Hay gente joven, preparada, descontaminada, preocupada por el futuro de su patria, sin populismos veintijulieros, que quieren tomar las riendas de este país, local, regional y nacionalmente, para ver si logran cambiar estructuras oxidadas, vicios consolidados y esa política mentirosa que tanto daño nos ha hecho. Colombia merece, por ser el mejor país latino, por tener gente buena, riquezas por doquier, cambiar enormemente. Cambiemos nosotros también, votando inteligentemente o, al menos, con la conciencia transparente.

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