Generación del Emoji

José David Solís Noguera

El pasado 17 de julio se celebró el día mundial del Emoji, íconos que se han convertido en parte fundamental en nuestras conversaciones digitales y que resulta para algunos un avance que facilita la comunicación y para otros una involución del lenguaje. Estos populares pictogramas han permitido una particular manera de comunicarnos y para las nuevas generaciones- y para los que se deben a los nuevos tiempos tecnológicos – estos símbolos resultan ser una ventaja comunicativa que desata la facilidad de escribirnos ante la imposibilidad de la omnipresencia física.

Aunque la comunicación no verbal también existe sin tener presente a nuestro interlocutor, a mi sí me parece importante procesar en mi conexión con el mundo los gestos de las caras, las entonaciones de las palabras y percibir los estados de ánimo de las otras personas. Personalmente, he tenido mis dificultades y diferencias con este lenguaje informático, debido a que hago parte de una generación de imágenes desde lo visual y en las sensaciones desde el contacto físico.

Aunque con esas caritas haya tenido mis dificultades de interpretación correcta, eso no quiere decir que no me parezcan necesarios los emoticones, cuando para muchas personas que tienen obstáculos para expresarse como autistas, sordos o con Síndrome de Down, son vitales como alfabeto, y les permite aprender y mejorar su calidad de vida. Desde que se empezó a celebrar el día mundial del Emoji, en el 2014, el emoticono más compartido y usado es la cara sonriente con lágrimas de risa, seguido del corazón y la cara con corazones en los ojos. Ciertamente, los emoticones le permiten a esta generación transmitir emociones complejas que las palabras en muchos casos no pueden hacer.

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