Manfred Max Neef nos enseñaba que un asunto es ser poeta y otro es hacer poesía, y esa sentencia hace parte de lo que siempre pienso cuando asisto a un recital o abordo la lectura de algún poemario. Casi siempre acierto, porque coincide que quien leo o escucho en el recital, es poeta y hace poesía.
En esa tónica (para incluir lenguaje musical, que per sé la poesía ya lo tiene), Betsimar Sepúlveda se dedicó como directora del Festival internacional de poesía de Cali a diseñar la programación de poetas y artistas invitados que estarán en esta ciudad desde el 31 de agosto al 4 de septiembre, dándonos su palabra poética como una forma de persistir en que la vida sigue retoñando en cada paso que damos.
Por esa razón, el festival de poesía tiene un eslogan, este año, lapidario: “por una ciudad almada”. Y eso es a lo que apuesta la Alcaldía distrital de Cali en representación del médico Jorge Iván Ospina y la secretaría de Cultura, a cargo de Ronald Mayorga.
Estaremos en la retreta ubicada en la manzana T, en la sala Beethoven, en los barrios de Cali llevando a los poetas a que conozcan nuestras realidades y bibliotecas públicas, y cerraremos en el teatro municipal “Enrique Buenaventura” con el poeta del silencio (nuestro Rulfo), Horacio Benavides, acompañado con la orquesta filarmónica de Cali, el sábado 4 de septiembre.
La poesía siempre está allí, en la esquina, en la iglesia, en el taxi, en la mirada del niño, incluso en los momentos crudos; y es la que nos hace pervivir, y animarnos a seguir avivando nuestro fuego interno, para pensarnos nuestro próximo festival de poesía para Cali.
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