Célimo Sinisterra

El negro disecado y exhibido en un museo como cualquier animal

Célimo Sinisterra

La trágica y degradante historia comienza en Botsuana, África, cuando muere un negro bosquimano; estaba enfermo, exhausto y era incapaz de perseguir a los leones y a los antílopes, por eso murió. Cuando los hermanos Verreaux llegaron al pueblo en el que murió el negro, les pareció que era el momento de hacer fortuna, lo desenterraron, le sacaron las vísceras, dejaron algunos huesos y el resto fue abandonado a su suerte presa para los chacales. Enseguida los hermanos Verreaux se lo llevaron a Francia donde fue recibido por un taxidermista llamado George Cuvier, director del Museo de Historia Natural de París, ofreciéndole la pieza como si se tratara de un trofeo de caza, de momentos hubo cierta resistencia por parte del taxidermista a lo que de inmediato los hermanos Verreaux insistieron en su intento de forrarse con su venta, tunearon el cadáver impregnándolo de betún para ennegrecer más su piel, así parecía más exótico. Antes habían sustituido sus vísceras por paja, como se suele hacer con las fieras que se disecan.

Al ver tan “valiosa labor”, el infortunado negro es exhibido como pieza de museo, algo así como un mandril, un oso o cualquier animal (o más bien como atracción de feria) en Banyoles.

Durante los 80 años que el cuerpo se exhibió como una fiera más en el museo gerundense, o museo Darder de Banyoles en España, apenas se intentó documentar el origen de la pieza, Frances Darder lo llamaba “el cafre de la Cafrería” en su catálogo. El negro disecado se constituyó en el objeto 1.004 del inventario de animales disecados expuestos en el museo Darder, Cataluña, España.

Para resumir y que usted, señor lector, interprete este caso de atrocidad contra la raza humana, lo pongo en contexto de esta manera.

El Negro de Banyoles es uno de los casos más despreciables en la historia del llamado show business etnológico. Abarca 170 años y se desarrolló entre dos entierros. A modo de resumen: en 1830, un africano de identidad desconocida es desenterrado al poco de morir por naturalistas franceses que lo disecan y se lo llevan a París; en el siglo XX se exhibe como pieza de museo (o más bien como atracción de feria) en Banyoles.

Por mas de 170 años el cuerpo disecado del negro bosquimano permaneció, en el museo Darder, lo cual motivó la visita de miles de personas de cualquier parte del mundo para ver al negro en medio de cualquier animal. Dicen que a muchos europeos el hecho de ver al negro disecado les causaba enorme placer.

Fin de la crueldad. Alphonse Arcelin, el ‘libertador’ del Negro de Banyoles

Hace 30 años, un doctor de origen haitiano, afincado en España, Alphonse Arcelin, denunció la presencia de un hombre africano disecado en un museo de Gerona, lo que se conoció como, el “Negro de Banyoles”.

Fue en 1888, cuando la familia Verreaux, vendió el cuerpo a un empresario catalán, Francesc Darder, que lo expuso en el Museo de Historia Natural en Barcelona.

En 1916, Darder, ya muy mayor, lo cedió al ayuntamiento de Banyoles, junto con toda su colección de animales disecados donde permaneció expuesto el cadáver del negro africano.

En 1991, un médico de Cambrils, Alphonse Arcelin, se enteró de que, en esa localidad, hay un hombre disecado expuesto en una vitrina y mandó una carta al ayuntamiento de Banyoles: “No podía comprender que en el siglo XX hubiese un ser humano que sea disecado como un animal”, dijo el doctor Haitiano en una entrevista.

Pasaron los años y en 1997, el médico ganó su primera victoria. El museo decidió retirar al negro de la exposición por la presión mediática y la protesta de algunos países africanos que reclamaban su repatriación. Después de eso, Alphonse pasó a ser el enemigo número uno de la población de Banyoles. Lo aislaron por completo al punto que no se le volvió a contratar como médico a pesar de ser uno de los mejores galenos de esa época.

El entierro oficial del guerrero

Varios países reclamaron los restos mortales y disecados del guerrero. En octubre del 2000 en la capital de Botsuana, en Gaborone, acompañado de autoridades políticas y religiosas finalmente fue sepultado con honores por parte del gobierno de ese país. Es de anotar que el cadáver, llegó sin la forma que tenía en el museo, solo llegaron unos cuantos huesos, la piel y el cráneo. La población lo vivió como una profanación y un sacrilegio del cual la iglesia católica nunca se pronunció.

Actualmente, la tumba está abandonada en un parque donde los niños juegan a fútbol y, a veces, utilizan el vallado que rodea la lápida como los postes de una portería. Mientras, la familia de Alphonse la pasó mal porque los abogados le pasaron una factura millonaria, que casi le llevó a la ruina pero se hizo justicia.

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