Carlos Andrés Arias Rueda

El libro blanco

Carlos Andrés Arias Rueda

La primera vez que escuché el término “libro blanco”, me encontraba en los salones de la Facultad de Derecho de la Universidad Santiago de Cali.

En ese entonces un acucioso profesor nos explicaba acerca de la experiencia de las universidades del Estado de Massachusetts, en Estados Unidos, las cuales se habían unido para hacer un ejercicio prospectivo que permitiera sacar adelante a la ciudad de Boston de la situación de crisis profunda en la que se encontraba, a esa experiencia la habían denominado “libro blanco” y constituía una muestra de lo que pueden hacer las universidades como agentes de transformación social.

Ignoro el origen del término, pero a partir de ahí, dicha expresión comenzó a usarse, cada vez de forma más frecuente, con significados muy disímiles: hay libros blancos para ejercicios de prospectiva, bien sea de instituciones públicas o privadas; también los hay como especie de vademécum de alguna profesión o disciplina, por ejemplo, el libro blanco de tal o cual ingeniería; hay incluso libros blancos de marketing, de criptomonedas, en fin, casi que cuando se le quiere dar cierto aire de superioridad a un escrito se le antepone el adjetivo de libro blanco, con el fin de convertirlo en fuente de autoridad.

En política, los libros blancos se han utilizado con las más variopintas intenciones; famoso es el Libro Blanco de Pinochet, en donde pretendió justificar el derrocamiento de Allende y los crímenes de la dictadura.

Ya en Colombia, es famoso el Libro Blanco de Fajardo, en donde le hizo un corte de cuentas a su antecesor en la Gobernación de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, texto que fue muy controversial, en su momento, por el tono revanchista con el que fue escrito y por las imprecisiones de las que fue acusado.

El Alcalde electo de Cali, Alejandro Éder, ha repetido, durante las últimas semanas, su intención de hacer un Libro Blanco sobre la saliente administración de Ospina, habría que conocer el texto para hacer una valoración del mismo, sin embargo, de conformidad con sus declaraciones, pareciese que el propósito del nuevo Alcalde es hacer un libro blanco parecido al que hizo Fajardo.

Ojalá que el Libro Blanco de Éder constituya una oportunidad para hacer prospectiva de ciudad y se convierta en un instrumento idóneo para la toma de decisiones, que permita seguir una hoja de ruta para ésta y futuras administraciones locales.

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