Crónica de Gustavo Álvarez Gardeazabal

Los buques cárceles

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La idea de convertir alguno de los buques de la Armada en cárceles flotantes no es original de nuestro presidente porque como él si ha leído desde muy joven para su exitosa carrera de abogado, (no como Fico el alcalde de Medellín), debe haberse deleitado en más de una de esas obras literarias o en los libros de reportajes sobre la utilización de buques como cárceles.

Yo no me puedo olvidar de una novelita de Dickens que leí en mi juventud con el chico Pip, que se había fugado de una de las 40 naves-prisión que los ingleses tenían fondeadas en el Támesis por aquellos años que el gran escritor describía.

Tampoco de los relatos escabrosos de los chilenos sobrevivientes de Pinochet, metidos en el buque Lebu, el navío escuela de la Armada de ese país.

Debo haber leído más porque es un tema universal en literatura y hasta en la moderna ciencia ficción lo encontré hace unos días (Incarceron, creo que llamaba), y por supuesto el que Abelardo lo proponga hace parte de su ética y del pragmatismo que parece identificarle.

Lo que sucede es que convertir un ARC de esos en cárceles resulta muy costoso y engorroso.

Sería mejor alquilar barato uno de aquellos cruceros viejos, que tienen camarotes y más funcionalidad.

Y eso si, debe estar muy bien custodiado porque si allá meten a más de uno de los que sacaron a la brava de la Cárcel de Itagüí, con lo atrevidos e ingeniosos que son, resultan capaces de contratar en Israel o en Hong Kong un comando capacitado de sacarlos del buque cárcel y hasta venden por adelantado los derechos de video para financiar la operación.

Por supuesto, lo de los derechos humanos y las normas de respeto por los presos no cuentan porque con el modelo horroroso de Guantánamo que nos dan los gringos, hasta el ministro Cancino encuentra salidas legales para justificar las nuevas prisiones del régimen.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar