¡Es increíble! después de sentir como tembló la tierra ahora parece que intentan quemarla.
Son dos intensos dolores… Uno porque la tierra habló, el segundo como consecuencia del fuego.
Sin duda ha sido conmovedor descubrir como el duelo por el terremoto no tuvo fronteras.
Colombia entera comprendió que el sufrimiento de unos es el sufrimiento de todos; y fue maravilloso ver como desde todos los rincones del país llegaron manos, alimentos, voluntarios y oraciones. Por unos días sentimos que Colombia puede ser una sola familia.
Por esta razón me es tan difícil comprender como en medio del dolor colectivo pueda haber individuos capaces de prender fuego deliberadamente.
Las autoridades investigan varios incendios que tendrían origen criminal y si lo confirman, no estaríamos hablando de pirómanos sino de criminales que usan la tragedia como arma.
Ocurrió en el departamento vecino del Tolima donde más de 50.000 hectáreas han sido consumidas por las llamas.
Para comprender la magnitud de la tragedia, esas hectáreas equivalen a una extensión comparable con el tamaño de Cali. Es inimaginable el desastre causado.
Un incendio forestal no sólo quema árboles.
El desastre se extiende al trabajo del campesino, al desplazamiento y a la muerte de animales, a la destrucción de ecosistemas que tardaron décadas en formarse y a la destrucción del futuro de generaciones que aún no han nacido.
Hay heridas que la naturaleza provoca, pero otras que son provocadas por la voluntad humana y que obligan a cuestionarnos como sociedad.
Sin duda reconstruir las casas será difícil, pero reconstruir la confianza en una sociedad donde algunos son capaces de incendiar los bosques será mucho, pero mucho más difícil.
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