Cuando el expresidente Santos le cambió las reglas de juego al país con su “acuerdo de paz” después del NO, empezaron los ayayay para nuestra democracia, democracia con innumerables defectos indudablemente, pero democracia donde todos nos podemos mover y pensar libremente, donde muchos hacen lo que les da la gana, incluidos los jueces que determinan sabotear la labor de la policía y la fiscalía al dejar libres a posibles delincuentes con el cuento de “haberlos agarrado sin suficientes pruebas”.
Malhadado saboteo contra esa democracia. Y ni qué decir de los pavorosos costos que debe sortear el gobierno de turno y durante veinte años más, para sostener organismos de justicia y de filosofía vengativa contra quienes de una u otra manera no permitieron que el país sufriera lo que sufrieron otros países hermanos. Si, cierto, gobiernos corruptos, entregados más al elitismo por compromisos de financiación electoral que al colombiano de alpargatas y de medio comer pero que, al menos, no dejaron que nuestras industrias y nuestra endeble economía se defenestraran para caer horrorosamente en el desempleo y en el vacío total de los bolsillos, obligando a nuestros compatriotas a irse del país con sus fortunas por falta de garantías y o salir a pie por las fronteras para buscar limosnas y malos tratos.
Ahora nos salen con otro de esos horrores santistas: Entregar 16 curules más a personajes previamente seleccionados que supuestamente representarán a las víctimas de municipios o regiones donde la gente siempre vivió con miedo y arrinconada por quienes hoy quieren más curules.
El país tiene otras necesidades prioritarias o, acaso, no es suficiente con ese Congreso donde habitan desde hace años un buen número de personajes de incuestionable indignidad, interesados más en el dulce confort que en el bienestar de la población.
Un Congreso que hace rato debió ser reformado a unicameral, pues no es justo, por economía y justicia con la nación, sostener un organismo de esos con tanta gente. Como según parece ese esperpento seguirá adelante gracias a la santista Corte Constitucional y a Enrique Santiago, asesor comunista español que se llevó mucho billete a su España del alma, lo más justo sería que esas curules fueran adjudicadas a colombianos que también sufrieron lo indecible como el General (r) Mendieta, inclusive a Ingrid Betancourt y, a demás compatriotas que padecieron circunstancias abominables.
Seguramente ayudarían a mejorar las condiciones de una entidad tan desprestigiada y no a crear más desasosiego y temor.
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