Mario Germán Fernández De Soto

¿Educación o castigo?

Mario Germán Fernández De Soto

Algunas familias colombianas siguen pensando que es a través del castigo como se educa al niño para formar al hombre del mañana.

Todavía se aplica en el país aquella obtusa frase de: “La letra con sangre entra”, como si el maltrato físico o psicológico contribuyera en sí mismo a reformar conductas para el mejoramiento de procesos cognitivos o de desarrollo mental. En mi opinión, es más bien la angustia y la frustración de muchos la que conduce a descargar su propia insatisfacción en la humanidad de sus hijos, quienes terminan pagando por la ansiedad de sus progenitores.

Hasta hace pocas décadas se aceptaba que los maestros utilizaran reglas, tablas o ejercicios físicos como herramientas de castigo a sus educandos para “corregir” su indisciplina o mejorar sus aptitudes psicosociales. Por ello, la ley que prohíbe usar el castigo físico contra los niños, niñas y adolescentes tiene que servir para hacer una amplia reflexión sobre la manera de aplicar la disciplina, la corrección y el llamado “castigo” , introduciendo un cambio trascendental en la cultura ancestral de quienes insisten en infligir fuetazos y golpizas a los menores para rectificar conductas que pueden disuadirse con pedagogía y mecanismos alternativos de formación y de diálogo abierto.

No sólo se trata de erradicar el maltrato, desde todo punto de vista reprochable, sino también de implementar en el modelo educativo en Colombia una nueva pedagogía para la unidad familiar que avance hacia una metodología fundada en el amor y el respeto de los verdaderos “maestros de sus hijos”: Los padres. Papá y mamá deben desaprender en el uso del castigo físico y psicológico e innovar sobre diversas formas de reprensión pedagógicas que conlleven a la limitación de juegos o actividades, o al aplazamiento de anhelos materiales que sirvan para edificar comportamientos de cambio y de reflexión en los niños, jóvenes y adolescentes que ayuden a un mayor entendimiento acerca de que la frustración y la insatisfacción también son parte de la vida y, por tanto, la tolerancia y la solidaridad son igualmente esenciales en nuestra existencia. Creo que este es el momento para una mejor educación y al mismo tiempo de una nueva forma de castigo: justo, reparador y humanizante, propio del amor de padres e hijos.

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