Todavía no sabemos si fuiste engendro genocida de una mente torcida que ensayó en un laboratorio o el resultado mutante por extrañas prácticas alimenticias de arcaicas costumbres, pero lo cierto es que nos tienes acorralados.
Si en otrora las pandemias causaron estragos, no fue por arremeternos por la espalda, sino por sorprendernos indiferentes a la ciencia. Pero vos coronavirus o Covid-19, sos el más pueril enemigo que hayamos enfrentado en la historia, imperceptible a la inteligencia humana, acechas con tu caparazón mortífera y ostentas tu poder arrasando pueblos.
No te mereces ninguna apología, equivocados quienes piensan que porque nos rondas nos volvemos pacíficos, solidarios y ambientalistas. Son meras coincidencias, no actos conscientes ni voluntarios, como los apretones de mano de los líderes antipatizantes.
Virus diabólico, te reproduces en cualquier superficie, donde caminamos o interactuamos, reduciéndonos a seres indefensos, más débiles que los primeros hombres cuando en la manigua abrían trochas buscando la supervivencia. Frente a vos estamos casi impotentes. El más cobarde de los virus, especialmente arremetes contra los niños, los adultos mayores y los pacientes.
A los primeros los sacaste de las escuelas. A los abuelos y a quienes padecen de otros males de la salud, con pregón les anuncias la muerte. Nos cogiste con los pantalones abajo, sin hospitales, ni clínicas. Sin atención del Estado para quienes subsisten del día a día.
Pero maldito coronavirus no te saldrás con la tuya, qué importa que nos creas cobardes, paradójicamente sólo te derrotaremos huyendo, atrincherándonos y lavándonos las manos, pero jamás como Pilatos. Nuestra estrategia debilitará la economía, pero te derrotaremos.
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