Me topé con él bajando las escaleras de madera que traqueaban bellamente, en la casa Proartes, luego de un recital en el festival de artes de Cali, estando yo aún en la secundaria. Quedé asombrado de su inmensidad, me sentía diminuto a su lado.
Su poesía la había leído en “El animal que duerme en cada uno” y no salía de sus páginas hasta muchos días después. Incluso aún me persiguen ciertos versos: “País mal hecho/cuya única tradición son los errores…” o “en esta esfera donde solo oigo tu respiración”.
Sabía que era admirador de Álvaro Mutis. Años después, en el centro cultural Comfandi asistí a una conferencia que Cobo Borda dictaba sobre la obra de García Márquez, y había compilado un estudio juicioso de análisis literario sobre la obra Garcíamarquiana.
Sabemos que, como tituló alguna de sus publicaciones, era un lector impenitente, y lo demostraba con la sapiencia con que abordaba cada tema de arte plástico, música, letras.
Al parecer no volvió a Cali. Sin embargo, esa sombra enorme de su legado literario sigue cubriendo cada evento alrededor de las letras. Varias veces propuse traerlo a ferias del libro o encuentros similares, pero no era tarea fácil.
Ahora que se ha despedido de la vida física, sigue su indeleble huella marcando los caminos o evocando la memoria de muchos que ya no están.
ADENDA: El festival Oiga, mire, lea, que organiza la biblioteca departamental, está de no perderse día alguno. Aún tienen tiempo de asistir hasta el domingo. Felicitaciones a la directora de la biblioteca Mónica Perlaza y a la coordinadora académica del festival Catalina Villa.
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