Civismo

Hernando Giraldo

Que la gente se hermandara en los diciembres con el intercambio de platos dulces, como el desamargado, el manjar blanco, o que se estuviera pendiente de pavimentar su cuadra o traer un avión de otro país para hacer un parque o que los habitantes de Cali se apropiaran de un equipo de fútbol y en torno a ello se construyera una unión o se recuperaran tal vez las buenas maneras de la población, darle el asiento a los mayores cuando se viajaba en un transporte público. Construir valores citadinos a través de personajes con alguna tradición callejera, como el caso de Jovita Feijoo, “Barrigamula”, mi general, Rosita; el respeto ciudadano hacia los demás, hacia las mujeres, el orden, el cuidado por la gente más vulnerable, de nuestros ancianos, la reivindicación de costumbres ancestrales, como el mecato vallecaucano, son algunas de las cosas que caracterizaban a los caleños, valga decir, el otrora civismo caleño.

Eso sí que le hace falta a nuestra ciudad, aquí se perdió la decencia y el sentido de pertenencia. Una ciudad cívica como lo fue Cali, nunca hubiera permitido que nuestra plaza de Caicedo se convirtiera en un muladar o en un estadio de prostitución y de perversos negocios.

Queremos que Santiago de Cali vuelva a ser una ciudad cívica. En lo cultural, éramos líderes, siempre tuvimos un par de bibliotecas de lujo, la del Centenario y la Biblioteca Departamental, quizás son de las cosas bellas que aún se conservan. Pero tuvimos teatro, el maestro Enrique Buenaventura q.e.p.d, nunca cerró las puertas del TEC, Fernando Vidal es uno de los pocos exponentes que le queda a la dramaturgia caleña.

Asistimos durante muchos años a la denominada “Calle del Arte”, donde hacían presencia los zancos, la pintura, la poesía y el teatro se tomaban el puente Ortiz para deleitar al público.

Debemos los caleños exigir una política pública sobre el civismo, por allí deambulan unas colecciones de música clásica, de las desaparecidas y emblemáticas salas musicales, creo no equivocarme que la famosa casa de El Peñón y la casa Beethoven de Lila Cuéllar. ¿Por qué no se hace un esfuerzo por adquirir esta música y crear una sala, donde los jóvenes del bachillerato asistan a estos centros?

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