El agache es una tradición muy colombiana. La semana pasada y cuando ya quedan muy pocos días para el 27 de octubre, Caracol TV me entrevistó sobre que herencia dejaba la administración Armitage en seguridad. Igualmente lo hizo con los candidatos a la Alcaldía para el gravísimo problema de la movilidad. Ambos son la gran tragedia de los caleños. En los dos temas los aspirantes hicieron como si estos no estuvieran afectando la calidad de vida de la ciudad.
La seguridad no es un problema fundamentalmente del índice de homicidios. Este solo es una variable, por consiguiente no es el elemento determinante. Nosotros esperábamos que los candidatos enfocaran su postura delimitando sus propuestas y diferenciándolas de las caóticas estrategias que desarrolló la administración a través de cuatro secretarios de Seguridad. Estos cuatro funcionarios dejan a la ciudad sin una Política de Seguridad y el último de esta posta, el secretario Villamizar, convirtió la lucha contra el delito en un show de pasarela. Lo grave de esto es que los candidatos no tocaron esta situación y mucho menos que las proyecciones de reducir los homicidios a menos de mil, se va a quedar aplazada.
Ante el problema de la movilidad se hicieron los despistados. Ninguno planteó el fracaso del MIO, sino que hicieron coro a quienes han inventado el cuento de recuperarlo. No se les ocurrió establecer el impacto del golpe de Estado que desde la Secretaría de Movilidad le han dado a los caleños, al desfigurar la ciudad con un trazado de ciclorutas que tienen sumida a Cali en una “pesadilla sin fin” y que cualquiera de ellos que sea alcalde va a tener que suspender por ilegal e inconveniente. Se les olvidó que por estas ciclorutas no transita ninguna bicicleta, mientras la administración se ha gastado casi 50 mil millones para estos ciclistas fantasmas.
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