Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Bodas de oro, segunda parte

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

A los lectores de “Apologías y rechazos” les encanta cuando escribo remembranzas. A propósito de “Bodas de oro deportivas”, donde me referí a los VI Juegos Panamericanos de 1971, a través de la página web me expresaron su complacencia. José Ignacio Barrera Franco, por ejemplo, comentó que estaba indeleble en su recuerdo del gran evento que él vio por televisión, pues aún era niño y estaba domiciliado en un municipio norte vallecaucano, haciéndome caer en la cuenta de que me faltó tocar el tema de la función de los medios de comunicación que cubrieron la gran gesta deportiva.

Aunque todavía no habían llegado las antenas que nos conectarían con la televisión mundial y apenas teníamos tres canales nacionales, cuya programación empezaba en las tardes, en los VI Juegos Panamericanos los distintos medios de comunicación permitieron que cada colombiano sintiera que desde su casa asistía como en puesto de preferencia a ver los eventos.

El Diario Occidente, fue el primer periódico que con motivo de los panamericanos decidió innovar sus ediciones presentando sus páginas a color. Edison Forero, otro de mis lectores, estimó que hice una buena descripción sobre el evento que debería incorporarse en la historia escrita de Santiago de Cali. Mucha razón le asiste para su propuesta, porque mientras las páginas de la historia están llenas con fechas y narraciones sobre episodios bélicos, generalmente deja por fuera a los eventos deportivos que han servido para unir pacíficamente a los pueblos. Cecilio Rincón Bermúdez, otro lector, destaca que me referí a las épocas de pujanza de una ciudad acogedora y amable. Cecilio Rincón también es un convencido de que los tiempos pasados fueron mejores. Pero no hay que perder la esperanza de que la Divina Providencia nos reserve nuevos y mejores días. Humberto Martínez Aranda, quien recuerda que trabajó como acomodador de público en el inaugurado Gimnasio del Pueblo, confiesa que se sorprendía al mirar los gigantes basquetbolistas brasileros.

Los juegos panamericanos fueron esa primera oportunidad que tuvimos de practicar el inglés que aprendíamos en los colegios, lástima que no estudiamos portugués para haber conversado con las garotas brasileras. Esperanza Velásquez Lozano expresa el deseo que llegue otro evento deportivo de gran impacto como el de 1971. Coincido con ella porque caería como analgésico social para quitar esta tristeza de los caleños. Amigos lectores: gracias por vuestros mensajes que me animan a intentar escribir mejor para más “amigos invisibles”.

Antes de 1971, donde ubicaron los principales escenarios deportivos para los panamericanos, quedaba el hipódromo que se extendía hasta el Limonar. Nuestra ciudad contaba con un pequeño coliseo, el Evangelista Mora y una piscina contigua. Al Pascual Guerrero le faltaba una tribuna y adecuar su pista que circundaba la cancha.

Además de los gratos recuerdos, algo positivo de los panamericanos, fue que dejaron a la Universidad del Valle su sede principal, construida como villa olímpica para albergar a las delegaciones deportivas extranjeras. Algo negativo es que el diamante de béisbol y el velódromo, quedaron como escenarios subutilizados, en debida razón que no cultivaron semilleros de beisbolistas para las grandes ligas, ni promocionaron velocistas de pista.

Finalmente, podemos destacar que los juegos panamericanos inspiraron a nuestros primeros cineastas, Ospina, Mayolo y Caicedo, para hacer sus registros documentales.

Sería interesante que al cumplirse los cincuenta años de realizado el evento más importante que haya vivido Santiago de Cali, la Alcaldía promoviera un concurso de crónicas y fotografías, para editar el Libro de Oro de los VI Juegos Panamericanos, permitiendo recrear para los niños la gesta deportiva que mucho emocionó a sus abuelos.

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