Hugo E. Gamboa Cabrera

Bajo la máscara

Hugo E. Gamboa Cabrera

Lo que el país está viviendo es una dolorosa cortina de humo con esa narrativa de realizar, ilegalmente, una constituyente con participación de minorías, pese a la bajísima aprobación del presidente Petro y a la amenaza de ir a la ONU a denunciar el no cumplimiento por parte del Estado colombiano con el acuerdo de paz de Santos-farc, con el cual se busca que ese organismo internacional “autorice” la constituyente.

Lo más seguro que en ese organismo le respondan a Petro que allá no pueden entrometerse en esos intríngulis internos de los países. Esa es una forma de ocultar esa terrible corrupción o de desviar la atención sobre la misma.

Además, esa aparición imprevista de Juan Manuel Santos para cantarle la tabla a su viejo amigo Petro, por querer tomarse a Colombia a la brava, no es cosa distinta a un grito de su conciencia arrepentida.

Fue él el quién le abrió el camino a ese amigo para ser presidente y fue él el del mal ejemplo al robarle al país el voto negativo de un plebiscito.

Recuerdo que sus asesores, bien pagados y mal intencionados, eran Eduardo Montealegre, ex fiscal general, Álvaro Leyva, antes conservador hoy comunista, Roy Barreras y Humberto de la Calle.

Los dos primeros hoy convertidos en los ases en la manga presidencial para torcerle el pescuezo a nuestra Carta Magna, al estilo Pedro Castillo, expresidente esposado por los militares del Perú, al tratar de realizar algo similar a lo que se pretende acá.

Es inexplicable que la izquierda cuando pretende el poder en cualquier país, sea para decrecerlo, volverlo trizas, acabar con institucionalidades y comprar las fuerzas militares como sucedió con el general Padrino en Venezuela.

No es justo ni legal. Los nuevos gobiernos son para mejorar condiciones sociales y estructuras estatales no para destrozarlas. Lamentablemente, casi siempre, esos líderes con esas ideas son astutos, pues recurren al discurso populista en los que prometen lo imposible.

Se aprovechan del analfabetismo político de la gente, de esos seres humanos que a duras penas analizan, esos que creen que todo lo van a recibir regalado y que su calidad de vida será maravilloso. Ilusos que caen en la trampa mortal de la ideología.

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