Atenidos

Rodrigo Fernández Chois

Sigo en aislamiento obligado. Mi actividad económica de brindar esparcimiento y diversión será de las últimas en operar. Y como la mía, muchas actividades por propiciar o requerir interacción social se encuentran bajo las mismas circunstancias.

Las personas que han vivido, desarrollado y generado empleo en el ejercicio de este tipo de actividades se ven hoy atadas de pies y manos para enfrentar las obligaciones del diario vivir. Hombres y mujeres en los que la imaginación siempre ha sido constante, desafían hoy un angustioso y tenaz reto: el sobrevivir.

Por esta razón caló tan mal el adjetivo peyorativo de “atenidos” empleado por el segundo cargo de importancia en el actual gobierno.

Cuando niño mi padre solía contarme un chiste, de esos que cuentan los papás una y mil veces creyendo siempre que era la primera vez que lo hacía…

Un cristiano es condenado a muerte en el imperio romano. Los soldados lo atan de pies y manos y lo entierran en la arena del circo; dejando solo por fuera la cabeza del pobre infeliz. Entonces liberan un inmenso león; el público emocionado en las tribunas ruge más fuerte que el felino.

El león salta sobre la cabeza del cristiano y este, en su desespero, alcanza a dar un mordisco a la fiera. Enseguida, la masiva concurrencia del coliseo, como si se tratara de hordas de funcionarios iguales al de la frase de “atenidos”, grita en coro al desgraciado cristiano: “Pelea limpio, HP”.

Mi papá siempre se reía después de contarme este chiste; y yo también reía. Pero hoy, en las actuales circunstancias, este humor negro es más negro que nunca.

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