Alejandro

Víctor Manuel García

Hace dos semanas tuve la oportunidad de compartir un espacio distendido y abierto al intercambio de ideas con varios amigos, reunión informal que se llevó a cabo cerca al Km18 y cuyo marco fue la oportunidad de escuchar la visión de ciudad y la opinión sobre las circunstancias que atraviesa actualmente nuestro país de Alejandro Eder.

Hasta ese momento había podido escuchar a Alejandro desde su perspectiva profesional enfocada al ámbito empresarial, actuando como representante de diversas instituciones entre las que puedo destacar a ProPacífico (antigua FDI) y la Agencia Colombiana para la Reintegración – ACR.

Sin embargo, y a pesar de haber compartido diversos espacios con él, nunca había podido escuchar de primera mano su perspectiva sobre la realidad del país y por supuesto de nuestra región.

Tengo que confesar que a este espacio asistí con cierto grado de incredulidad sobre la posición que podría encontrar en una persona que ha residido gran parte de su vida en el exterior, y cuya formación académica e influencia cultural pudo estar bastante marcada y teóricamente cercana a la perspectiva anglosajona de las realidades, lo cual, en muchos casos no se adapta a los contextos de países como el nuestro, con una historia, cultura e idiosincrasia tan disímil a la proyectada por los países del hemisferio norte.

De igual forma, esperaba encontrarme con un profesional qué, en gran parte por su origen familiar, no debía “conocer” ni sentir “sensibilidad” frente a los problemas sociales que aquejan a nuestra sociedad.

Todo lo anterior debo decirlo, actuó prejuiciosamente en mí, sin embargo, con el transcurrir de la charla fue quedando poco a poco desvirtuado.

Encontré una persona y a un profesional, abierto a la crítica constructiva, con un deseo de aportar genuinamente en la construcción de un mejor país, para lo cual ha venido tejiendo en su discurso y en su pensamiento un entramado de acciones qué, por lo menos retóricamente, tienen una lógica y un norte claro para la concreción de acciones que contribuyan en el desarrollo territorial y social de esta región.

Vi un norte en el planteamiento priorizado para la recuperación del papel de liderazgo ejercido por Cali y el Valle del Cauca en el contexto nacional e incluso supranacional, lugar que se debe recobrar mediante estrategias y esfuerzos conjuntos y articulados entre el Estado y los diferentes actores empresariales, académicos, sociales y ciudadanos, saltando de la visión cortoplacista que tanto nos caracteriza al planteamiento de objetivos de mediano y largo plazo.

Percibí en Alejandro a un hombre con ganas de aportar con decisión en el desarrollo de su ciudad y del departamento pero, sin olvidar su perspectiva y proyección nacional.

Por lo menos en su discurso y en su retórica argumentativa, planteó en ese espacio de manera incesante, la necesidad de pasar la página de la politiquería electoral para darle paso a la política real por convicción.

Un paso interesante y arriesgado electoralmente hablando, pero necesario para una sociedad desgastada con la forma tradicional que ha dominado los comicios electorales en las últimas décadas en nuestra región.

En conclusión, puedo inferir que esta va a ser una apuesta interesante a tener en cuenta en los próximos comicios locales, que ya dio muestras de tener una importante acogida en diversos sectores sociales de Cali, los cuales no necesariamente se circunscriben a los estratos 5 y 6 como muchos suponen, porque si se analizan los casi 140 mil votos que alcanzó en las pasadas elecciones, estos se encuentran dispersos por toda la capital vallecaucana.

Las próximas elecciones de 2022 y 2023, sin duda serán cruciales para el futuro de nuestro país y de nuestras ciudades, esperemos que el debate esté a la altura de la coyuntura histórica que atravesamos y que los discursos estén plagados de propuestas y no de agravios, tal como lo plantea Eder.

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