Cali, junio 24 de 2026. Actualizado: miércoles, junio 24, 2026 18:06

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La estimación global es de US$17.000 millones en productividad perdida

Ver un partido del Mundial en horario laboral puede costar $10 millones por cada 500 empleados

Una sola transmisión del Mundial durante la jornada laboral puede convertirse en una cuenta de nómina.

Un análisis económico de la firma Russell Bedford Colombia calcula que, en una compañía con 500 trabajadores que devengan el salario mínimo, dos horas dedicadas a seguir un encuentro del torneo equivalen a cerca de $10 millones en valor de tiempo comprometido, sin incluir recargos, cargas prestacionales, retrasos operativos ni pérdida de foco en atención al público.

La estimación no supone que todas las organizaciones perderán automáticamente ese dinero.

Mide un escenario de referencia: cuánto vale, en términos salariales, desplazar dos horas de actividad en una nómina de ese tamaño.

El salario mínimo legal mensual vigente para 2026 es de $1.750.905 y la hora ordinaria diurna está alrededor de $7.959 con la jornada de 44 horas semanales vigente hasta mediados de julio.

Si se toma como referencia la hora extra diurna, que llega a $9.948, dos horas representan casi $20.000 por persona. Multiplicado por 500 trabajadores, la cuenta supera los $9,9 millones.

“El riesgo no está en permitir una pausa, sino en permitirla sin reglas. El Mundial no tiene que ser enemigo de la productividad, pero sí exige planeación: turnos claros, hora de reinicio, responsables por área y metas que se cumplan”, explicó Olga Viviana Tapias, socia de Impuestos de Russell Bedford.

La advertencia llega con la cita futbolera más grande organizada por la FIFA: 48 selecciones, 104 partidos y tres países anfitriones, Estados Unidos, México y Canadá, entre el 11 de junio y el 19 de julio.

De hecho, a escala global, una encuesta de UKG estimó que la competencia mundialista podría generar cerca de US$17.000 millones en productividad perdida para los empleadores.

El sondeo, aplicado a 8.000 trabajadores en ocho países, encontró que 37 % planea modificar sus horarios para seguir la copa; 27 % admitiría ausencias, llegadas tarde o salidas anticipadas; 14% vería transmisiones en secreto y 11 % llegaría a trabajar con resaca o guayabo.

El costo económico oculto de ver un partido en horas de trabajo

En Colombia, el efecto durante la primera ronda puede ser menor de lo que sugiere el ruido.

Los encuentros iniciales de la Selección Colombia están programados fuera de la jornada ordinaria: debut contra Uzbekistán el 17 de junio a las 9:00 p. m.; segundo duelo frente a República Democrática del Congo el 23 de junio, también en la noche; y cierre contra Portugal el 27 de junio a las 6:30 p. m., sábado.

El problema, por ahora, no está tanto en el pitazo inicial como en el día después: trasnochos, reuniones extendidas, consumo digital, permisos de última hora y caída de concentración.

El riesgo aumenta si Colombia avanza y se cruza con franjas de tarde en jornadas hábiles.

También puede sentirse por los partidos más taquilleros de otras selecciones en primera ronda, que durante las próximas dos semanas competirán por la atención con reuniones, ventas, entregas, producción, transporte, call centers, soporte técnico y atención comercial.

Para sectores con operación continua, una pantalla improvisada puede ser más costosa que una pausa ordenada.

El debate coincide con un momento sensible para la estructura de costos de las empresas.

¿La razón? Desde el 15 de julio la jornada máxima llegará a 42 horas semanales, según la Ley 2101 de 2021. Eso significa que las compañías deberán producir lo mismo, o más, con menos horas disponibles por semana.

“Cada hora que se administra mal pesa más en una economía donde la productividad laboral sigue rezagada frente a los países de la Ocde y donde los costos de nómina vienen subiendo”, agregó Tapias.

Cómo ver a la Selección y vivir la fiebre mundialista sin frenar la operación

La recomendación no es apagar pantallas, sino ordenar la operación.

Según el análisis de Russell Bedford Colombia, la prohibición total puede incentivar transmisiones escondidas, uso excesivo de datos móviles, salidas no autorizadas o ausencias difíciles de controlar.

La alternativa más efectiva es definir una política previa: qué partidos podrán verse, cuánto durará la pausa, cómo se recuperará el tiempo, qué áreas no pueden detenerse y quién garantiza el regreso a la actividad.

“En oficinas, la fórmula puede incluir espacios comunes, horarios escalonados, bancos de horas, teletrabajo parcial, ajustes en tiempos de almuerzo y metas semanales medibles. En plantas, bodegas, salud, transporte, vigilancia o actividades con maquinaria, el manejo debe ser más estricto: recesos controlados, relevos definidos y prohibición de seguir el juego cerca de procesos que exigen atención permanente”, indica Tapias.

Sin embargo, la misma pelota que presiona la jornada laboral también mueve la caja.

Restaurantes, bares, supermercados, tiendas de barrio, domicilios, tecnología, publicidad y medios pueden capturar mayor consumo por televisores encendidos, ventas de alimentos, bebidas y camisetas; y planes de ocio en familia o con amigos.

Por eso, el efecto económico del Mundial no debe leerse solo como pérdida: para unas compañías será presión operativa, pero para otras, significará una oportunidad comercial.

“La mejor la política laboral en este momento es que la combine flexibilidad con responsabilidad. Si la empresa comunica reglas antes del partido, fija una hora de regreso y mide resultados, el Mundial puede sumar integración. Si lo deja al azar, terminará pagando una factura que no estaba en el presupuesto”, concluye.


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