Cali, septiembre 8 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 7, 2026 22:27

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Lectura jurídica del juicio contra Jesús

Infamia de la crucifixión

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Los cristianos conocen suficientemente la misión salvadora espiritual de la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, a la par de su fundamentación religiosa, las narraciones bíblicas también son susceptibles de una lectura jurídica.

El proceso estuvo afectado de injusticia, como años después similar ocurrió con otros juicios de líderes, por ejemplo, del comunero José Antonio Galán, del líder indígena peruano Tupac Amarú, de los mártires de Chicago en 1886, de Sacco y Vanzetti en 1919. Jesús emergió como aquel líder popular que fue perseguido por los judíos y el poder romano, más que por su misión espiritual redentora, por representar una amenaza para estabilidad de los poderes.

Los juicios contra Galán y Amarú, considerados férreos opositores de la colonia española estuvieron afectados de ilegalidad y se adelantaron sin garantía de los debidos procesos: motivaciones políticas, testimonios falsos, improcedencias procesales y sentencias injustas.

Mensajes terrenales
Jesús no hubiese representado amenaza alguna para el imperio romano si sus enseñanzas hubieran sido espirituales exclusivamente. Las cosas cambiaron cuando cuestionó la riqueza, los impuestos, la justicia y, sobre todo, cuando las multitudes lo siguieron.

“¿Tenemos que pagar impuestos al César?… –Den al César lo que del César y a Dios lo que es de Dios”. (Lucas 20. 21-22). “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios” (Marcos 10.24-25).

“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia.” (Mateo 5.10-11). Lo consideraron subversivo y lo sometieron a un juicio político con el grave cargo de haberse proclamado rey de los judíos. La crucifixión se les imponía a los penalizados por cargos políticos. “Jesús fue llevado ante el Gobernador Pilatos, el cual lo interrogó: – ¿Eres tú el rey de los judíos? -. Contestó Jesús: -Tú lo has dicho- “(Mateo 27. 11-12).

Vicios de ilegalidad
El juicio contra Jesús estuvo viciado por la ilegalidad y sin la observancia procedimental: se inició sin cargo imputable; se realizó sin jurisdicción, ni competencia; en horas nocturnas no judiciales; con interrogatorio tramposo; fundamentado con pruebas falsas; faltó quórum en el tribunal competente; y se anticipó la ejecución de la pena.

El mismo Pilatos exclamó públicamente: “-No encuentro en él culpa alguna. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a un preso durante la fiesta de Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?” (Lucas 18. 38-39). “Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa en contra de Jesús para condenarlo a muerte. Y aunque se presentaban muchos testigos falsos, no la hallaban.

Por último, llegaron dos que declararon: Este hombre dijo que podía destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”. (Mateo 26.59-61)

Sentencia injusta
Los judíos, queriendo demostrar que habían cumplido con un juicio legal, se encargaron de acogerse completamente a la subordinación de su competencia jurídica. Como los judíos estaban sometidos por el Imperio Romano, debían demostrar que reconocían en este a su máximo organismo para las decisiones judiciales.

Por eso primero llevaron a Jesús ante Pilatos quien era el representante romano. Ante la vacilación del procurador romano, quien estaba convencido de la inocencia de Jesús, los judíos presionaron para lograr una decisión suya amañada.

“Le dice Pilatos: -¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo poder para soltarte? … A partir de entonces, Pilatos procuraba soltarlo, mientras los judíos gritaban: -Si sueltas a ese, no eres amigo del Cesar. El que se hace rey va contra el César. Al oír aquello, Pilatos sacó afuera a Jesús y lo sentó ante el tribunal…-Ahí tienen a su rey”. (Juan 19. 10-14).

Concepto concluyente
Transcurridos dos milenios desde el juicio contra Jesús, se sigue demostrando que una cosa es la ley y otra lo justo. Una cosa son los intereses económicos y otra la función de los legisladores. Pero, lo más inverosímil, es la realidad jurídica donde los detentadores del poder vulneran las leyes cada que se les antoja.

“Pilatos reunió a los jefes de los sacerdotes, a los jefes de los judíos y al pueblo. Les dijo: -Ustedes me presentaron a este hombre acusándolo de agitador. Lo interrogué personalmente delante de ustedes, pero no lo hallé culpable de ninguno de los crímenes de que lo acusan. Ahora tampoco Herodes lo juzgó culpable, puesto que me lo mandó de vuelta. Como ustedes ven, en todo lo que hizo no hay ningún crimen que merezca la muerte. Así que después de castigarlo lo dejaré libre-. Pero ellos se pusieron a gritar todos juntos: ¡Mátalo a él y deja libre a Barrabas”. (Lucas 23. 13-18).

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