Durante décadas, Cali ha sido uno de los principales motores económicos del país.
Con una población cercana a los 2,4 millones de habitantes y un PIB per cápita estimado en $27,8 millones, la ciudad concentra una parte fundamental de la actividad económica del suroccidente colombiano.
Su economía creció alrededor del 3,1 % en 2024, por encima del promedio nacional, impulsada principalmente por el comercio, la industria, los servicios empresariales, la construcción y la logística asociada al puerto de Buenaventura.
Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos no es cómo seguir creciendo, sino cómo crecer mejor.
Es decir, cómo aumentar la productividad, generar empleos de mayor calidad y construir una economía capaz de competir en los mercados globales.
La respuesta podría estar en convertir a Cali en el Distrito Farmacéutico y Biotecnológico de Colombia.
La ciudad posee universidades de primer nivel, hospitales de alta complejidad, talento humano calificado, tradición industrial, capacidad logística y una ubicación estratégica para exportar hacia América Latina a través del Pacífico.
Cali debería aspirar a convertirse en el principal clúster farmacéutico y biotecnológico del país.
La visión es sencilla. Necesitamos integrar en un mismo ecosistema a laboratorios farmacéuticos, fabricantes de dispositivos médicos, universidades, centros de investigación, hospitales, emprendedores e inversionistas.
Cuando estos actores trabajan de manera articulada, se generan innovaciones, nuevas empresas, patentes, investigación aplicada y empleos altamente calificados.
Esta estrategia debe estar acompañada de la creación de una Zona Franca Farmacéutica y Biotecnológica especializada.
Un espacio diseñado para atraer inversión nacional e internacional, facilitar procesos regulatorios, ofrecer infraestructura de investigación y manufactura avanzada, y convertir a Cali en una plataforma exportadora de medicamentos, dispositivos médicos y soluciones tecnológicas para la salud.
La cercanía con Buenaventura representa una ventaja competitiva enorme.
Mientras otras ciudades deben recorrer largas distancias para acceder a los mercados internacionales, Cali tiene la posibilidad de consolidarse como la puerta de entrada y salida de productos farmacéuticos y biotecnológicos hacia el Pacífico y Asia.
Sin embargo, ninguna estrategia de desarrollo funciona sin talento humano.
Por eso es indispensable fortalecer la formación especializada desde las universidades y centros de educación técnica.
Cali debe liderar programas en biotecnología, ingeniería farmacéutica, regulación sanitaria, manufactura especializada, inteligencia artificial aplicada a la salud, bioinformática y desarrollo de dispositivos médicos.
Las universidades de la ciudad tienen la capacidad de convertirse en verdaderos motores de innovación.
El reto es conectar la formación académica con las necesidades de la industria y transformar el conocimiento en empresas, patentes y soluciones para el mercado.
Igualmente importante es fomentar el escalamiento empresarial.
Miles de emprendedores desarrollan ideas con potencial, pero pocas logran crecer por falta de capital y acompañamiento técnico.
Por eso, la ciudad debería impulsar un Fondo Cali Innova Salud, destinado a proporcionar capital semilla para startups farmacéuticas, empresas HealthTech, desarrolladores de dispositivos médicos y proyectos de inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y la atención en salud.
Este fondo no solo facilitaría la creación de nuevas empresas, sino que también permitiría atraer inversión privada, acelerar procesos de innovación y generar una nueva generación de empresarios tecnológicos en Cali.
A esto se suma la necesidad de crear un gran Centro de Investigación Biomédica, orientado al desarrollo de soluciones para enfermedades tropicales, cáncer, medicina personalizada, biotecnología y nuevos tratamientos farmacéuticos.
Un centro de esta naturaleza podría convertir a Cali en un referente nacional e internacional en investigación aplicada a la salud.
Los hospitales de la ciudad también pueden desempeñar un papel fundamental.
Además de prestar servicios médicos, podrían consolidarse como centros de investigación clínica y de ensayos internacionales, atrayendo recursos, transferencia tecnológica y conocimiento especializado.
Los beneficios de esta apuesta serían enormes. Más empleo formal, mejores salarios, mayor inversión, más exportaciones, más innovación y una economía menos dependiente de actividades de bajo valor agregado.
Las ciudades que transforman su futuro no son las que esperan oportunidades; son las que construyen una visión de largo plazo y organizan sus recursos alrededor de ella.
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