Cali, marzo 31 de 2026. Actualizado: lunes, marzo 30, 2026 20:39
A sus 45, 50 o 60 años, muchas personas sienten que la inteligencia artificial corre más rápido que ellas. Que pertenece a los jóvenes.
Que es una competencia directa. Sin embargo, la verdadera brecha no es de edad, sino de competencias.
Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y Cisco revela fuertes diferencias generacionales en el uso de la IA.
Mientras los menores de 35 años lideran la adopción de herramientas generativas, más de la mitad de los mayores de 45 reconoce no utilizarlas y, entre los mayores de 55, es frecuente la falta de confianza.
El estudio sugiere que no se trata de rechazo, sino de desconocimiento. Y esa brecha puede impactar directamente la empleabilidad.
La buena noticia es que la IA no reemplaza la experiencia; la potencia. Para quienes superan los 40, el desafío no es competir con la tecnología, sino aprender a dirigirla. Estas son cinco competencias clave para lograrlo:
1. Mentalidad de aprendizaje continuo
El aprendizaje ya no termina con el título universitario. La IA evoluciona rápido, pero no exige ser programador. Exige curiosidad.
Probar herramientas, explorar asistentes y entender cómo automatizar tareas repetitivas permite convertir la tecnología en aliada. Resistirse al cambio es más riesgoso que experimentarlo.
2. Alfabetización básica en IA
No se trata de entrenar algoritmos, sino de comprender cómo funcionan. Saber que la IA trabaja con datos y probabilidades —y que puede tener sesgos— cambia la conversación.
El estudio de la OCDE y Cisco subraya que la confianza crece cuando hay formación. Entender sus límites permite usarla con criterio y no con miedo.
3. Pensamiento crítico y criterio ético
La IA produce contenido en segundos, pero no reemplaza el juicio humano. Aquí está la ventaja de la madurez: contexto, experiencia y capacidad de evaluar riesgos.
La habilidad para validar, contrastar y decidir será más valiosa que la velocidad.
4. Gestión del bienestar digital
El informe advierte que el uso recreativo intensivo de pantallas —más de cinco horas diarias— se asocia con menor bienestar, especialmente en jóvenes.
La lección es clara: no se trata de conectarse más, sino mejor. La IA debe ahorrar tiempo y mejorar productividad, no generar ansiedad o dependencia.
5. Adaptabilidad estratégica en el trabajo
Los cambios laborales son inevitables. Pero quien integra IA para analizar datos, redactar informes o planear estrategias no compite con la máquina: la supervisa.
La experiencia sectorial, combinada con herramientas inteligentes, multiplica el impacto profesional.
La llamada “generación de la IA” no debería definirse por la edad, sino por la actitud frente al aprendizaje. La experiencia acumulada durante décadas no pierde valor frente a la tecnología; pierde valor frente a la inmovilidad.
Después de los 40, la IA no es una amenaza silenciosa. Es una herramienta poderosa. La diferencia está en quién decide usarla y quién decide temerla.
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