Cali, junio 4 de 2026. Actualizado: jueves, junio 4, 2026 18:41
El próximo 14 de octubre de 2025 será la fecha marcada por Microsoft como el fin de vida (End of Life) de Windows 10, lo que implica que dejará de brindar actualizaciones de seguridad y soporte oficial.
La noticia no es menor: se estima que, en julio de 2025, alrededor del 47 % de los usuarios globales aún utilizaban este sistema operativo.
Según ESET, compañía especializada en detección proactiva de amenazas, mantener Windows 10 sin actualizaciones será exponerse a un entorno de alto riesgo.
“Los sistemas sin soporte se transforman en un objetivo más que apetecible para los ciberatacantes”, advierte Camilo Gutiérrez Amaya, jefe del Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica.
Riesgos legales y de cumplimiento normativo, en sectores regulados donde usar software sin soporte puede implicar sanciones o pérdida de certificaciones.
ESET plantea varias rutas para evitar la exposición:
Es la alternativa más directa. La actualización es gratuita en equipos compatibles y garantiza soporte, parches y nuevas funciones de seguridad como Smart App Control, que filtra aplicaciones maliciosas, y las Passkeys, claves digitales más seguras que las contraseñas.
Disponible para usuarios y empresas que requieran más tiempo. Brinda parches críticos hasta un año después del fin de soporte, aunque tiene costo y no incluye soporte técnico ni mejoras.
Diseñado para organizaciones, ofrece un ciclo de soporte que puede extenderse hasta 2032, según la versión instalada.
Una alternativa gratuita y robusta para quienes decidan abandonar Windows. Distribuciones como Ubuntu, Fedora o Linux Mint ofrecen seguridad y estabilidad, aunque requieren adaptación.
La falta de actualización ha sido el punto débil en ataques masivos previos. Casos como WannaCry (2017), Zerologon (2020) y ProxyLogon (2021) mostraron cómo miles de equipos quedaron vulnerables a pesar de existir parches disponibles.
“El fin de vida de Windows 10 invita a reflexionar sobre la importancia de aplicar parches y actualizaciones. No basta con que el fabricante los publique: hay que instalarlos. Ese mal hábito de postergar actualizaciones es el que más aprovechan los cibercriminales”, concluye Gutiérrez Amaya.
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